17 de agosto 2011 - 00:00

Carrère: no ficción bien novelada

Carrère: no ficción bien novelada
Emmanuel Carrère , «De vidas ajenas» (Barcelona, Anagrama, 2011, 260 págs.)

Todo comienza en este libro como en «Más allá de la vida», la película de Clint Eastwwod, con un arrasador tsunami. En las dos historias hay una pareja de turistas a los que golpea de cerca esa tremenda tragedia. En la película está una ciudad del Sudeste asiático devastada por la gigantesca oleada. Allí, la catástrofe que provoca una multitud de muertos, separa a una pareja. En «De vidas ajenas» una pareja de franceses, con sus respectivos hijos, están en Sri Lanka de vacaciones intentando reconstruir la relación, y el tsunami, que mata entre otros miles a una nena, rencausará los sentimientos de la pareja.

Mientras el film de Eastwood se lanza en un más allá de la vida, la novela de Emmanuel Carrère se detiene en lo que se vive en el lado de acá de los que han sufrido una muerte o que estuvieron o están al borde da la muerte. Así como «Más allá de la vida» se internaba en la ficción de cuño esotérico o metafísico, «De vidas ajenas» es literatura de no ficción que trata de vidas reales.

Carrère ha confiado que en cuestión de pocos meses fue testigo de «los dos acontecimientos que más temo en la vida: la muerte de un hijo para sus padres y la muerte de una mujer joven para sus hijos y su marido», y una persona cercana a una de esas muertes le pidió que contara lo que había sucedido. Se dio cuenta de que ese encargo lo llevaba a hablar «de la vida y la muerte, de la enfermedad, de la pobreza, de la justicia y, sobre todo, del amor». Además Carrère ya había practicado con éxito la «novela de no ficción», siguiendo el modelo de Truman Capote en «A sangre fría», en «El adversario» (llevada al cine por Nicole García), donde contó de Jean-Claude Romand, un ciudadano ejemplar y falso médico, que fue envolviendo su vida en una maraña de engaños que finalmente lo llevaron a asesinar a toda su familia. Si «El adversario» era la detallada exposición de una encarnación de lo siniestro, una exposición de la evolución hacia el mal, hacia una masacre, en «De vidas ajenas» va en busca de lo opuesto, parte de una masacre, o de la muerte de una cuñada enferma de cáncer, de vidas pequeñas con grandes padecimientos, porque le permiten mostrar lo que tiene de vida enfrentar un sufrimiento, la superación de los más hondos traumas, el coraje que impulsan los mejores sentimientos, y la redención, por caso, en el compromiso de defender a humillados y depojados.

Para esto Carrère, siguiendo al psicoanalista Pierre Cazenave, suma historias que muestran «una solidaridad incondicional con la congoja insondable que entraña la condición humana» porque «el peor sufrimiento es el que no se puede compartir» y la peor desgracia es «tener la felicidad cerca y no verla». Así en «De vidas ajenas» están, entre otros, los padres de una nena de cinco años ahogada por el tsunami, dos jueces, enfermos de cáncer, que junto a otros colegas han decidido frenar los abusos de las financieras que hacen préstamos usurarios para quedarse con los inmuebles. Si en algo el libro puede caer en el sentimentalismo emotivo de los de «autoayuda», Carrère se lo saca de encima haciendo intervenir al narrador, contando las debilidades, errores y pequeñeces de su propia vida.

M.S.

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