El presidente Obama tiene razón al afirmar que el país no puede enfrentar otra discusión para ver si se pagan o no las deudas pendientes. El jefe de los republicanos en la Cámara baja tiene razón al decir que los americanos no pueden aguantar otro incremento de la deuda estatal sin reducir al mismo tiempo los gastos del Gobierno. Los dos tienen razón en estos puntos y los dos dicen no estar dispuestos a negociar. Por esto es que la calificadora Fitch advirtió que reduciría el AAA que le da a la deuda norteamericana si no se llega a un acuerdo en tiempo y forma para darle más aire al Tesoro. Pero también advirtió -y con igual intensidad- que aun acordando incrementar el límite de la deuda reduciría ese rating antes de fin de año si no se achica el déficit estatal. Lo irónico del caso y lo que parece decir el mercado (ayer la tasa a 10 años bajó al 1,831% anual y el dólar subió el 0,3% ante las principales monedas) es que aun cayendo el rating soberano -y en contra de lo que parecería ser más lógico-, la tasa que paga el Gobierno podría disminuir. Esto tiene varias aristas. Una es que cualquier crisis norteamericana golpearía más en Europa, Asia y los mercados emergentes que en el propio país, disparando una repatriación de dólares que reduciría -al menos en el corto plazo- el costo del dinero. Otra es que de no haber acuerdo el 1 de marzo, se dispararían los recortes de gastos automáticos del «precipicio fiscal», forzando a una reducción automática del déficit (el Gobierno puede acudir a estrategias creativas para evitar la cesación de pagos). Sin negar la influencia de otros factores (balances, ventas minoristas, etc.), esto podría explicar por qué ayer el Dow se anotó cinco rue-das consecutivas en suba, trepando un 0,2%, a 13.534,89 puntos.
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