18 de noviembre 2009 - 00:00

Chávez, aún menos serio: “¡Los gordos, a rebajar!”

Caracas - El imperialismo yanqui sigue siendo el enemigo por excelencia de la revolución socialista, pero Hugo Chávez ha identificado una nueva amenaza para Venezuela: la obesidad. «Vean ustedes, hay mucha gente gorda en Venezuela, pongan atención. ¡Ojo con los gordos, a rebajar!», dijo el presidente en un discurso por televisión, al tiempo que mostraba unas cifras llamativas sobre cómo los venezolanos cada vez tienen más sobrepeso.

Chávez puntualizó que lo de gordos es sólo aplicable para los hombres, porque «las mujeres nunca se ponen gordas. Las mujeres a veces son rellenas», dijo con una sonrisa.

Este estudio de nutrición indica que el índice de obesidad aumentó en 20 años de un 6,3 por ciento al 14,5 por ciento, una tendencia que, según Chávez, se debe a las casas de alimentación inauguradas por su Gobierno y a los supermercados que subvenciona con los ingresos petroleros.

«No hay que lucir como un balón para tener sobrepeso. Si usted mide 1,70 y pesa 72 kilos, tiene que perder dos kilos», dijo Chávez, infatigable enemigo de la cirugía estética y de los padres que regalan implantes de silicona para el pecho de sus hijas.

De esta manera, si siguen su consejo y hacen ejercicio y renuncian a la grasa, tendrán fuerzas, como él, para «seguir al mando de la revolución bolivariana».

Pero cambiar los hábitos de alimentación de este país, parece una tarea titánica.

A primera hora de la mañana, los venezolanos se arremolinan frente a puestos callejeros de comida rápida. A mitad de la tarde comen arepas, pan redondo hecho de harina de maíz relleno de generosas porciones de chicharrón (cerdo frito), pollo o huevos fritos y mayonesa. Y por la noche, el calor pide a gritos una cerveza que es casi más barata que el agua.

A pesar de todas estas recomendaciones, la histórica influencia estadounidense ha hecho que en Venezuela proliferen las cadenas de comida rápida llamadas perrocalenteros, que cocinan en cinco minutos hamburguesas y perritos aderezados con todo tipo de salsas. Un manjar poco revolucionario.

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