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Comentarios políticos del fin de semana
Más allá de la indignación promedio que el periodista muestra con la Argentina, la crítica esta vez se centra en el juez Norberto Oyarbide por su investigación sobre el supuesto espía Ciro James. Lo acusa de parcial en su investigación ya que, hasta el momento, sólo habría indagado sobre las posibles conexiones del Gobierno porteño con el ex agente de la Policía Federal y hasta sugiere que está sirviendo a «un operativo de desgaste del macrismo» que «significaría un mal presagio sobre la dudosa independencia del juez».
Además de acusar al juez de beneficiar al kirchnerismo, el periodista se dedica a fustigar a los políticos por lanzar acusaciones mutuas en el aire y sin fundamento. Asegura que se inició una guerra entre el Gobierno porteño y el nacional, y se queja de que nadie responda las verdaderas preguntas que hay que responder sobre las escuchas ilegales: ¿Quién las ordena y con qué fines? La primera, al menos, la responde él mismo al principio de su nota, al asegurar que Oyarbide «se olvida de Kirchner, el anterior (¿anterior?) patrón del espía serial», haciendo lo mismo que él critica a los políticos al acusar sin presentar ningún tipo de prueba.
El final de la columna está dedicado a Milagro Sala, activista tristemente célebre, no por los millones que le da el Estado nacional ni por destruir la Legislatura en 2006, sino por ensuciar al presidente de la UCR. También se refiere a nuevas sociedades entre estas agrupaciones, como una supuesta alianza entre Sala, Quebracho y el piquetero kirchnerista Luis DElía.
Lo llamativo es que, después de hablar toda la columna de espías, operaciones, jueces sin independencia y fuerzas de choque financiadas por el Ejecutivo, el periodista asegura que «el kirchnerismo apeló a su viejo recurso retórico: acusó de destituyente a la oposición. Ese riesgo es inexistente: la democracia argentina goza de buena salud, felizmente». ¿Una democracia en la que cada vez que la oposición habla se la acusa de destituyente realmente goza de buena salud? ¿O la frase es sólo un intento de justificar a una oposición que tampoco logra encontrar un espacio crítico?
Si la democracia argentina realmente «goza de buena salud», no hay que preocuparse entonces de que el ministro de Seguridad porteño acuse públicamente al Gobierno nacional y a la Policía Federal de operar en contra de ellos, ni de que el jefe de Gabinete asegure, sin más precisiones, que el macrismo está haciendo inteligencia interna.


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