San Diego — Entre el jueves y ayer, la ciudad californiana de San Diego atrajo multitudes para celebrar la cultura popular en todos sus aspectos. Lo que empezó en los años setenta como una convención para comprar y vender historietas, con paneles adosados para conversar sobre los comics y sus creadores en un hotel del downtown, con el tiempo devino una organización gigantesca. Cincuenta años después, Comic Con funciona como el carnaval en Río o Niza, donde los disfraces transforman a miles de participantes con alma de niño en un mundo fantástico de criaturas y situaciones imaginarias: es el “cosplay”, desparramado por el Centro de Convenciones y el Gaslamp Quarter adyacente, y el desfile de los premiados sábado. Las redes sociales estallan con fotos, videos y comentarios de este mundo al revés.
Cercano a Los Angeles, el centro de la industria del entretenimiento, y gracias a las redes el San Diego Comic Con se convirtió en una plataforma indispensable para la máquina publicitaria de Hollywood. El universo Marvel se consolidó en la imaginación popular con el encuentro de los personajes y sus fans en el Hall H, a partir de 2008. Allí se “corporizaron” los superheroes, cuya interacción con el público estaba cuidadosamente coreografiada, para maximizar su efecto multiplicador en los medios y las redes. Visto ahora, fue la época de oro de Comic Con. La descentralización de la internet, los algoritmos y el efecto silo, han transformado hoy el paisaje mediático y la relación entre los estudios y los “fans” es de amor y odio.
Este año ocurrió lo impensable: los estudios cancelaron su venida a San Diego, a raíz de la huelga de guionistas y autores, que reclaman desde mayo una compensación económica superior y control en el uso de inteligencia artificial en el proceso creativo. Esta ausencia de las plataformas –Netflix, Amazon, Hulu – y los estudios en sus nuevas configuraciones – Warner Discovery, Paramount, Sony – redujo la visibilidad de Comic Con, pero no el entusiasmo del público que inundó el hall de exhibiciones –rebosante como siempre de vendedores– y el “cosplay”. Abrió imprevistamente un espacio para que guionistas y actores presentaran sus reclamos, en una conferencia de prensa y varios paneles explicando su posición. Fue una maniobra brillantemente ejecutada por SAG-AFTRA, el sindicato de escritores de cine, televisión y radio.
Su mediador, Duncan Crabtree-Ireland describió los reclamos con claridad, evitando retóricas inflamatorias – lucha de clases, el 1%, capitalismo salvaje – para establecer una narrativa clara y concisa sobre los nuevos contratos que negocian: “fair compensation”, “fair consent” y “fair control”. Los “sound bites” que adoran los medios. En la conferencia de dos horas ininterrumpidas, Crabtree y miembros del sindicato ganaron para su causa a los periodistas, bloggers e influencers. Y también a esta cronista, en un breve intercambio después de la conferencia, el mediador le comentó en perfecto castellano los contratos negociados para los actores de telenovelas en Miami.
Otra apertura inesperada fue el enorme contingente de la India, anunciando para 2024 el estreno de una gran superproducción de ciencia ficción hecha en ese país: Kalki – 2898, una historia que reelabora –a la Star Wars- mitos de origen hindú. El material mostrado en Hall H fue sensacional, en el marco de un espectáculo de danza, música y luces, en presencia de sus actores (los más taquilleros de ese país) y equipo creativo. Comic Con fue el megáfono ideal para presentar lo que se llama el “pan-Indian film”, producido en Hyedarabad, ciudad del sur del país, con una pujante industria de cine, y rival de Mumbai, sinónimo hasta ahora de “Bollywood”.
Resultó una presentación a todo trapo, por una industria que busca desarrollar una marca internacional con sello propio. El largometraje R.R.R. (2022), distribuido por Netflix, dio el primer salto y la venida a Comic Con intenta ponerlos en el mapa, combinando el estilo desbordado de Bollywood a la habilidad norteamericana de llegar a todo el planeta con filmes de género. Será un caso interesante de estudiar. En Comic Con ocurrió el despegue.
Como siempre, Comic Con ofrece muchas notas de color. El cosplay conectó el cine con los fans, que publicitaron, sin buscarlo, los estrenos de las estrellas en huelga. Diez puntos a las variantes ingeniosas de Barbie que se pasearon por la convención y los tres fantasmas de la próxima Haunted House.
Varias productoras se las ingeniaron para promocionar sus películas y series, sin antagonizar a los huelguistas. Amazon Prime, por ejemplo, grabó el panel (que hubiera sido en Hall H) de Good Omens, presentando la segunda temporada de esta serie fantasiosa sobre demonios incursionando por la historia, días antes de que los actores entraran en huelga. A24, la productora/distribuidora de material no convencional – “edgy”- trajo a los jóvenes mellizos australianos, que saltaron de filmes cortos de terror en YouTube a dirigir Talk to Me, un thriller de posesión demónica cómico y espeluznante, con el mismo ritmo vertiginoso de Everything, Everywhere, All at Once. Warner Discovery mostró episodios de su serie animada Mis aventuras con Superman, una detrás de otra durante los cincuenta minutos del panel, para deleite de los muchos chicos en la sala.
Es difícil pronosticar el próximo Comic Con … pero 2023 demostró una vez más que el público sigue viniendo en masa porque ofrece estos cuatro días a gente de todo tipo, tamaño, edad y color aventuras en galaxias lejanas, geografías fantásticas, romance y sueños. La buena onda de Comic Con es joya.