6 de octubre 2014 - 00:00

Commodities y populismo: la historia que se repite

Commodities y populismo: la historia que se repite
La evolución de los precios de los commodities agrícolas en los últimos meses parece confirmar que el superciclo iniciado a principios de siglo -"viento de cola" para la economía argentina durante la última década- ha entrado en una fase descendente. Y tal como ocurrió en el pasado, esta fase coincide con la etapa final -caótica y desordenada- de otro ciclo populista en la Argentina.

Aunque los académicos debaten sobre cómo definir un Gobierno populista, si hiciéramos una encuesta entre la gente común seguramente encontraríamos bastante consenso. Los de 1946 a 1955, 1973 a 1976 y el actual, seguramente entrarían en la lista. Pero no queda muy claro en qué medida otros gobiernos, tanto militares como civiles, fueron populistas.

En la Argentina la política económica del populismo ha incluido el control de cambios, los controles de precios, la discriminación al sector agropecuario (más bien la confiscación de la mayor parte de su renta), el proteccionismo, la expansión del crédito subsidiado a ciertos grupos empresariales, el aumento del empleo público, el asistencialismo, el otorgamiento de subsidios o prebendas a empresas (de amigos del Gobierno) y el aumento de los salarios. Aunque en el corto plazo estas políticas estimulan la economía, con el paso del tiempo provocan una crisis que perjudica a los sectores de menores ingresos, a quienes supuestamente buscan beneficiar. Como señalamos alguna vez, el populismo es esencialmente autodestructivo. Obviamente, esto es algo que los líderes populistas y sus partidarios nunca reconocen. En vez, cuando llega la crisis, le echan la culpan a una conspiración urdida por la oligarquía y el imperialismo.

Para medir el grado de populismo de cada gobierno construimos un índice a partir de las siguientes variables: brecha cambiaria, aumento porcentual del salario real por encima del crecimiento del PBI per cápita, gasto público sobre PBI, discriminación en contra del agro y aumento del empleo público. Podríamos agregar más variables, pero como se puede ver en el gráfico siguiente éstas cinco capturan bastante bien el fenómeno populista en la Argentina, al menos en su aspecto económico.

A pesar de sus limitaciones, este índice sirve como una primera aproximación. Lo primera conclusión que surge de su análisis es que en la Argentina el populismo ha tenido un carácter cíclico (ver gráfico 1). Como ya señalamos, en la Argentina los ciclos de populismo han coincidido con los "superciclos" de los precios de los commodities agrícolas. De estos últimos, en los últimos cien años ha habido cuatro que alcanzaron picos de precios en 1917, 1947, 1974 y 2012. Pero la coincidencia no es perfecta. La política económica de Yrigoyen no fue populista (aunque aplicó retenciones a las exportaciones no lo hizo con fines redistributivos). Algo cambió en el país en los años cuarenta que hizo que, a partir de entonces, en cada fase alcista del superciclo de commodities, la Argentina cayera en la tentación populista.

La segunda conclusión es que las experiencias populistas más intensas fueron entre 1943 y 1955, entre 1973 y 1975 y desde 2007 hasta ahora. Alfonsín en promedio fue levemente populista. Desde 1983, el Gobierno de Menem fue el menos populista de todos, pero más populista (o menos anti-populista) en su segundo mandato que en el primero. El segundo mandato kirchnerista fue mucho más populista que el primero. El tercero, iniciado en 2011, ha sido más populista que el segundo y es comparable en intensidad con el iniciado en 1973. Sin embargo, este índice nos da una perspectiva incompleta ya que,como muestra el Gráfico 2, el populismo también ha provocadoun marcado deterioro de la calidad institucional. Otra de sus consecuencias ha sido la perversión de los valores.

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