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Como con la “125”, Kirchner empuja al PJ a cruzada propia
Néstor Kirchner, seguido por Daniel Scioli, ayer en la CGT donde lo recibió Hugo Moyano. Lo aplaude el moyanista Juan Carlos Schmid.
La frase pudo caer de la boca de Néstor Kirchner en mayo de 2008, en medio de la guerra gaucha, pero cayó dos años después para justificar su empeño por llevar al PJ a una cruzada contra los medios, en particular contra el Grupo Clarín, blanco ayer otra vez de la furia K.
Ayer, en CGT, el patagónico encabezó una cumbre unificada del Consejo partidario y la cúpula de la CGT que emuló las reuniones que organizó en 2008 para emitir documentos de respaldo al Gobierno, cuando ardía la batalla contra los chacareros.
Esta vez, en la remake sólo cambia el nombre del «enemigo»: el protagónico que antes tenía la Mesa de Enlace, ahora Kirchner se lo otorga al holding Noble-Magnetto. En concreto, al CEO de Clarín ayer insistió en señalarlo como el ideólogo de una conspiración contra Cristina de Kirchner.
Una diferencia notable, respecto a aquel episodio, fue la postura de Hugo Moyano que por entonces sugirió aceptar una mediación de la Iglesia para negociar con los dirigentes agropecuarios y recibió, en público, una reprimenda burlona del ex presidente.
Esta vez, el jefe de la CGT, comparte en cada línea el libreto belicoso de Kirchner. Es más: ayer, como parte de esa empatía mágica, el camionero se encargó de anticipar su voluntad de que en 2011 sea el patagónico quien encabece la oferta electoral del PJ.
«Es el hombre más indicado, con mejores perspectivas y con mejor historia para poder seguir llevando a la Argentina adelante», evitó los eufemismos Moyano. El camionero acaba de negociar con el patagónico para oficiar de «árbitro» en el PJ bonaerense.
Con el problema de salud de Alberto Balestrini -a quien visitó Cristina de Kirchner en medio de informes que reflejan una mejoría en el cuadro- se desató una tempestad sobre cómo se ordenará el partido sin el jefe de La Matanza en funciones. Lo hará, en línea con otros dirigentes, Moyano.
El buen momento del vínculo entre Kirchner y el camionero se reflejó en la visita, ayer, del Consejo partidario a la sede de la calle de Azopardo. En su pobreza de efemérides, el kirchnerismo le legó a Moyano la más relevante de su historia: el 27 de abril, día en que salió segundo en el 2003 y logró el pasaporte para el balotaje del que se bajó, luego, Carlos Menem.
Penas
En ese contexto, rodeado de gobernadores y caciques sindicales, Kirchner martilló sobre Clarín. «La principal fuerza de oposición es la concentración mediática, cuya columna vertebral es el diario Clarín. Yo estoy acá para decir las cosas con nombre y apellido. Nosotros no hacemos anónimos ni decimos nada que no podamos firmar», señaló.
Fue su forma de despegarse del escrache de periodistas que se le atribuyen a sectores cercanos, sino íntimos, del ex presidente.
En el revoleo, antes de concurrir hoy al Congreso a la que sería su última sesión -para votar la ley de matrimonio gay- el patagónico cuestionó a la oposición sobre la que dijo sentir «pena».
«Hace cuatro meses que se discuten en el Congreso temas que nadie entiende que están diciendo. Que si el DNU sí, que si el DNU no... Yo formo parte de ese Congreso pero me da pena lo que está pasando», simuló.
Antes, Kirchner, había faltado al encuentro de gobernadores para poner en marcha la Comisión sobre Coparticipación -delegó la tarea de conducirla al ministro del Interior Florencio Randazzo- y luego, estrenando postura de estadista internacional, previa de su cargo en UNASUR, se zambulló a explicaciones pedestres sobre la crisis de Grecia y el mal momento de la eurozona.


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