Contrastes y largas filas: la postal de la votación en Nueva York

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El frío de la jornada no amedrentó a los electores en ninguno de los distritos, que instaban a otros ciudadanos a participar.

 Nueva York (enviado especial) - Ayer fue día de trabajo normal, pero en todos lados las elecciones llenaron el aire de una tensión agradable, difícil de describir. Una larga recorrida por un Manhattan que, como veremos, ofreció más contrastes que los que suelen conocerse, y por el Bronx delineó un escenario de participación importante, a la que convocaron tanto Hillary Clinton como Donald Trump para no dejar nada librado al azar.

Las largas colas fueron el denominador común en la ciudad. Este enviado "votó" en una escuela pública del Upper West Side ubicada en la esquina de la Avenida Amsterdam y la calle 60.

Antes de entrar al predio, tres sonrientes padres de chicos del colegio, verdaderos militantes del voto popular, prepararon una mesa en la que ofrecían café, masitas, jugos y galletitas a los que llegaban condenados a una larga espera.

El enorme patio del colegio estaba ocupado por una larguísima cola que serpenteaba varias veces, de modo de hacer lugar a quienes irían a esperar al menos una hora y media para entrar al único recinto, en el que estaban instalados los dispositivos de voto electrónico.

Definitivamente, hay argentinos en todos lados. Sabrina López trabaja en el área de marketing de NBC y Telemundo. Casada aquí y con una hija de seis años, confiesa a minutos de votar que "todavía no sé qué voy a hacer". "Tengo amigas que están muy decididas a favor de Hillary y otras que van por Trump. A mí no me convence ninguno", le confiesa a Ámbito Financiero.

"Ella tiene imagen de corrupta y mentirosa; él tiene un gran problema de ego. Pero creo que voy a terminar priorizando lo que Clinton representa para los derechos laborales de las mujeres, porque sé lo que cuesta abrirse paso en la América corporativa", anticipa.

Mientras hacía la cola como cualquier votante, este enviado le guardó el lugar a Kate, una rubia que pretendió aprovechar para votar al terminar su rutina de jogging. Estaba muy transpirada y soplaba un viento fresco, lo que hizo aconsejable que fuera a su casa y volviera más abrigada. Vaso térmico en mano, susurró que "Trump no puede ser presidente de este país. Durante la campaña dijo cosas horribles y creo que es un verdadero peligro para nuestra democracia. Me preocupa lo que viene, porque la gente que se hizo eco de esa forma de pensar va a seguir allí, entre todos nosotros".

Un hombre blanco salía satisfecho del salón de votación. Aceptó hablar francamente, pero no decir su nombre. "Lo que puedo decirle simplemente es que está en juego el futuro del país. Tenemos que decirle 'no' al discurso extremo de los republicanos", dijo con calma.

Entre el Central Park y el río Hudson, a escasos cien metros del Lincoln Center, uno podría pensar que esta zona es enormemente rica. Lo es, pero no está exenta de contrastes.

Alrededor de ese impactante complejo artístico, en un radio mínimo de cincuenta metros, conviven edificios de lujo, en los que alquilar un departamento de dos ambientes cuesta 5.000 dólares por mes, con complejos de viviendas populares, administradas por la municipalidad de Nueva York, que dan albergue a familias de trabajadores por 200 dólares mensuales.

Este complejo, conocido como "The Project", es un conjunto de monoblocks de alrededor de diez pisos cada uno que ocupa un área de dos manzanas. La gente allí es más reservada y, aunque vota junto a sus vecinos ricos en la escuela de Amsterdam y la 60, tiende menos a hablar. "Sí, claro que ya voté, pero el voto es secreto, caballero", cortó en seco a este periodista una anciana afroestadounidense que volvía a casa. Al lado, su marido, callaba. Se ve quién manda en esa pareja.

Luego, Ámbito Financiero fue al Bronx, feudo de negros y latinos. La concurrencia a las urnas también era intensa allí, tanto que en las calles todos parecían llevar orgullosos en la solapa el sticker "Yo voté" que se entrega al final del proceso de sufragio.

Las charlas por celular que se podían escuchar de contrabando giraban en torno a lo mismo: "¿Ya fuiste? Yo estoy saliendo".

La tendencia en este distrito de minorías pobres es ampliamente demócrata, y así lo dejaban ver los consultados. Algunos se quejaron porque, después de hacer una larga cola, si cometían algún error en la máquina de votación, eran obligados a volver a la fila.

En White Plains y Lacombe, siempre en el Bronx, está la escuela secundaria 174. Cuando Ámbito Financiero pasó después del mediodía, la gente todavía comentaba lo tarde que se habían habilitado las urnas electrónicas.

A unas diez cuadras de allí, en la escuela primaria 119, en la esquina de las avenidas Pugsley y BlackRock, algunos se quejaban de que se les haya exigido presentar una identificación, cuando, afirmaban, eso no es obligatorio según la ley.

Cerca del estadio de los Yankees, en el centro habilitado en el Courthouse, los tribunales locales, hubo problemas con tres de las cinco máquinas instaladas.

"Siempre mandan las peores máquinas al Bronx", sacudía la cabeza un trabajador electoral.

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