2 de septiembre 2014 - 00:00

Corte, dividida en causa de convicciones

La Corte Suprema de Justicia se encuentra dividida por una causa en la cual se discute el concepto bioético de "muerte digna". Se trata de uno de los debates más divididos que ha abordado el máximo tribunal durante este año. El caso llegó desde el Tribunal Superior de Neuquén y genera tensiones, por ahora subterráneas, entre la Corte y la Iglesia Católica. La procuración general dictaminó a favor de retirarle el soporte vital a una persona en estado vegetativo desde 1994. Al mismo tiempo el expediente se ha transformado en un territorio para dirimir posturas internas de una Corte acotada y de funcionamiento por momentos limitado.

El tribunal superior neuquino ya falló a favor del pedido de las hermanas del paciente Marcelo Diez. Una postura que, en caso de ser aceptada por la Corte Suprema, se transformaría en uno de los fallos más trascendentes de la última década, comparable con las resoluciones sobre el aborto, la pesificación y la ley de medios. La apertura del debate es el principal problema en el Salón de Acuerdos. Hasta el momento solo Ricardo Lorenzetti y Elena Highton de Nolasco se pronuncian por tratar la cuestión. Enrique Petracchi ya avisó que no se expedirá sobre el tema. Eugenio Zaffaroni está en una línea muy similar que sustenta con conceptos propios de la filosofía del Derecho.

En la zona intermedia se ubica Carlos Fayt. El justice pidió una serie de pericias al cuerpo médico forense para tener más detalles sobre la actualidad del paciente Diez. Lo hizo por primera vez hace cinco meses y en las últimas semanas firmó para que tramite una nueva ampliación de esas pericias. En el último acuerdo Highton de Nolasco fue frontal: "¿Usted finalmente nos va a acompañar?", le dijo a Fayt a lo que éste respondió por la afirmativa. El intercambio fue al mediodía, pero por la tarde ya desde la vocalía del ministro partía un escrito requiriendo la segunda tanda de pericias. Cuando le consultaron sobre su respuesta del acuerdo sólo atinó a decir que él no pensaba que Highton se refería a la causa de Diez.

El desconcierto y las desconfianzas fueron en aumento cuando horas más tarde Zaffaroni señaló que el listado de averiguaciones ordenadas a los forenses no se condecía con el original firmado por el ministro.

Postales concretas que sirven para entender la complejidad que implica la búsqueda de votos en la Corte en su actual composición. Para colmo, a mediados de agosto, llegó hasta el cuarto piso de la calle Talcahuano, en el mayor de los sigilos, una misiva del obispo neuquino Virginio Bresanelli, quien ya había cuestionado el dictamen de la procuradora Alejandra Gils Carbó.

En un estilo críptico, muy propio de un monseñor, el religioso les dijo a los ministros que Diez estaba en sus oraciones y que para él se trata de una persona que "esta viva". Para la jerarquía eclesiástica es un tema espinoso. El debate perdió fuerza, especialmente cuando luego de la carta llegaron llamadas concretas desde el Episcopado. Este año Lorenzetti visitó al papa Bergoglio en Roma y participó de la celebración matinal en Santa Marta.

De algún modo, el Sumo Pontífice siempre se ha perfilado cerca de los avatares más estruendosos de la Corte. En pleno conflicto con el Gobierno por la reforma judicial, Bergoglio le escribió al presidente de la Corte para recordarle que rezaba por él y a los quince días esa nota se hizo pública, cuando el Senado se aprestaba a limitarle al tribunal el control de sus fondos. Este año cuando, el máximo tribunal falló sobre la reincidencia, por la positiva, Bergoglio intercambió cartas con Zaffaroni, única disidencia en ese debate. Esas notas fueron el espacio que el justice eligió para replicar el fallo de sus colegas, dado a conocer durante su ausencia.

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