13 de mayo 2015 - 00:00

Corte de tres (sin Fayt) pide fondos a Gobierno por paritaria

  La Corte Suprema de Justicia requirió ayer una nueva reasignación presupuestaria al Gobierno para cubrir un incremento salarial del 10% para todo el Poder Judicial. El máximo tribunal agrega así una nueva instancia en su disputa con el kirchnerismo por el control de fondos. El pedido, que partió ayer con destino a la oficina de Aníbal Fernández, fue el único gesto que la Corte se permitió exteriorizar ante la ausencia de Carlos Fayt en el cuarto piso.

Cualquier fallo de trascendencia precisa de la firma del ministro decano, especialmente si Elena Highton de Nolasco elude la rúbrica. Pero en la Corte se ha instalado que las resoluciones de alta densidad no deberían firmarse con la modalidad domiciliaria, especialmente tras los últimos embates del kirchnerismo. Era tal la necesidad de los justices de contar con Fayt que hasta se había dispuesto todo para que ingresara por la alcaldía, práctica que en la Corte es habitual cuando hombres de negocios y políticos de alto nivel visitan el cuarto piso y el sigilo es la prioridad. Incluso el lunes a la noche se especuló con un acuerdo organizado en la casa del juez, en Barrio Norte.

La ausencia de ayer a la mañana es un mensaje potente, especialmente porque desde su staff anoche confirmaban que estaba en buena forma como para asistir. Implica un desaire hacia los pedidos cotidianos del Gobierno y una confirmación de esa máxima que ha acuñado como propia que tilda a los hechos de "sagrados" y a las palabras de "pasajeras". Es también una distancia para con la expectativa de Ricardo Lorenzetti. Tras diez días de hostilidades del oficialismo y con una Comisión de Juicio Político en marcha, Fayt no exterioriza "cansancio moral" de ningún tipo, permanece en su estudio y ayer a la tarde insistió a su personal en que no va a renunciar.

En el entorno directo de Lorenzetti se esperaba la presencia de Fayt para dar un mensaje de mayor fortaleza del tribunal (ya se da por descontado que la ofensiva del Gobierno es un viaje de ida). En paralelo se formularon diversos proyectos, todos requeridos desde la vocalía del titular de la Corte, para sentencias cuya firma hubiera implicado un cimbronazo en la economía y en los mercados. Están bajo siete llaves y difícilmente Highton los firme. Es una jugada riesgosa y que necesita de la presencia de Fayt in situ. Esto último sería notable, porque parte de los afectados pertenece a las cámaras empresariales que el pasado viernes blindaron al ministro decano. En cambio, la ganancia sería para los sectores opositores, cuyo hándicap subiría si la macroeconomía se instalara con mayor fortaleza en la arena electoral. Conclusión, el silencio calculado de Fayt podría haber sido, al menos ayer, favorable al oficialismo, que lo increpa todas las mañanas.

Esta situación implica un viaje en el tiempo para el kirchnerismo duro: en los albores de la administración de Néstor Kirchner la Corte también era un árbitro decisivo por los fallos en materia económica que tenía en su haber, entre ellos, los vinculados a los planteos de los ahorristas.

En lugar de las cuestiones más candentes, la Corte se aprestó a resolver temas de menor cuantía. Vuelve así al estadío previo a los fallos "Colegio de Abogados de Tucumán" y al de los conjueces de la Corte. Esta faceta es la que prefiere el Gobierno y para la cual orienta parte de sus esfuerzos. Una Corte tibia y más enfrascada en la política agonal, con la ausencia premeditada de Fayt, cierta sintonía esbozada con Highton y la trayectoria zigzaguente de Lorenzetti de renuncias, autodesmentidas y misivas poco discretas cuyo contenido anima tertulias dentro y fuera de la Corte. Una en particular, por la noche del pasado lunes, en el Jockey Club, ofreció revelaciones imperdibles en cuanto a las trifulcas internas que inciden en el clima cortesano producto de la vocación editorial de ciertos funcionarios, siempre acompañada por una entusiasta promoción.

En los avatares actuales vuelve a aparecer el issue presupuestario, un entuerto áspero para los ministros. En los últimos años, todos los momentos de alta tensión siempre fueron distendidos con la firma del jefe de Gabinete para reasignar partidas, aun después de los peores intercambios. Esa costumbre se pondrá a prueba, una vez más, en los próximos días.

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