31 de mayo 2010 - 00:00

Cristina, por una vez, pacífica con militares

Nilda Garré
Nilda Garré
Cristina de Kirchner se acercó a las Fuerzas Armadas con un mensaje conciliador en el marco del Bicentenario de la creación del Ejército Argentino. Sin referencias lacerantes esta vez al pasado setentista ni a la responsabilidad política por la derrota en Malvinas, lugares comunes en la oratoria kirchnerista. Asistió el sábado pasado a la ceremonia organizada por el teniente general Luis Pozzi, en el Colegio Militar de la Nación, rodeada por el gabinete nacional, más Daniel Scioli. El discurso modificó al menos por un día el malhumor acumulado en la oficialidad de jerarquía intermedia por una cadena de gestos inesperados. La Presidente y comandante en jefe de las FF.AA., había dejado vacía la silla del palco en el desfile militar del 22 de mayo, la representó Aníbal Fernández. La Casa Rosada no dio explicaciones, los jefes de las Fuerzas asimilan los desaires, tan lejos de los arquetipos militares que se evocan en estos días. El rumor interno atribuyó su ausencia a la extensión que tuvo la parada militar del Bicentenario, sin embargo, no hizo mella en la tolerancia de la Presidente el interminable desfile (dos horas y 45 minutos) organizado el mes pasado por Hugo Chávez para festejar el Bicentenario de la Independencia de Venezuela. También ignoró en su recorrido de saludos por las mesas del Salón Blanco, aggiornado para la cena de gala del Bicentenario, la de los cuatro jefes militares y eso que la ministra de Defensa, Nilda Garré, estaba sentada junto a los uniformados.

«Cuando el Ejército se constituyó en el brazo armado de la Nación, hubo gloriosas victorias», pero «cada vez que ese brazo armado confundió su rol y se separó de su pueblo hubo amargas derrotas». «Creo que es el aprendizaje que todos debemos hacer en estos 200 años de historia», reflexionó la Presidente en el Día del Ejército.

Que las tropas no desfilaran el 25 de mayo, adelantando la parada al 22 despojó a los uniformados justamente del rol de estar junto al pueblo el día que correspondía a la conmemoración. Prescindir de la referencia fundante que tuvieron los militares en el primer Gobierno patrio parece ser la meta que intentó el secretario general, Oscar Parrilli, tutor del contenido político de la celebración bicentenaria, observaron otros uniformados enojados.

Algo debe haber llegado a sus oídos, Cristina de Kirchner aprovechó la ceremonia en El Palomar para defender los festejos en la avenida 9 de Julio, al advertir que el Gobierno no hizo una «kermese», sino una «conmemoración». Al término del acto el teniente general Pozzi ofreció un vino de honor en el casino de oficiales del Colegio Militar, fue la segunda oportunidad de distensión, la Presidente no dejó pasar ni las empanadas de carne, ni el locro criollo, y hasta se animó con un pastelito de dulce de membrillo.

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