A fin de cuentas, según lo que se ha visto rodar por el mundo actual con tanta fórmula «moderna», derivados, caminantes sobre las aguas, banqueros que se han vuelto simples «apostadores». Funcionarios y gobernantes haciendo la vista gorda, en tanto el trencito siga marchando. Y un buen seleccionado de inútiles, solamente preparados para gozar de la bonanza y faltos de ideas cuando hay que solucionar problemas serios. A fin de cuentas, decíamos, tendrán que aflorar los llamados «viejos» parámetros y fórmulas que resulten sumamente austeros a la hora de juzgar especies y mercados, como instrumentos voladores de raza: «derivados».
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Otras veces contamos al lector qué tipo de medidas y señales nos enseñaban los idóneos y veteranos operadores, y también inversores con muchas batallas, al tratar nosotros de ir aprendiendo las bases bursátiles (a inicios de los 70, en pleno «viejo recinto»).
Y una de tales medidas era darle importancia al respaldo técnico de los papeles, la seguridad, la sanidad, por encima de precios de pizarra. Algo que se respetaba mucho era «acción con pérdidas, mitad de valor libros». No eran mediciones que regalaran nada, para que un papel fuera trepando: tenía que poseer relaciones casi impecables y utilidad creciente. Por eso es que nos asombra lo que sucede hoy, sabido que se está en medio de una crisis mundial, que las relaciones entre valor y precio se disparen alocadamente, apartándose en manada y sin respetar límites. Días atrás, tocamos el caso de Solvay Indupa, cotizante a niveles de cuando recién salía del «salvataje» oficial y la tomaba el nuevo grupo. Hoy, cuando vemos el comentario sobre Siderar, al cotejarlo con lo que sucede con el papel, es difícil de creer.
En junio, unos meses atrás, todavía estaba al 160% del valor contable. En diciembre decayó a marcas de entre $ 13 y $ 14, con valor contable de más de $ 23, que la ubica a poco más del 60% de ese respaldo técnico.
Además, ya que tendrá que aguantar el cimbronazo y en un tipo de rubro que es industria de base, posee por detrás del escenario esa «reserva para futuros dividendos», que ya conjuga $ 4.757 millones, a setiembre. Y con un capital emitido tan contraído, $ 347 millones, hasta suma otros $ 476 millones por «ajuste al capital».
En épocas de «sálvese quien pueda», todo puede tener razones a la vista. Pero, el asunto es qué sucede con lo que trasciende a la simple vista.
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