26 de junio 2009 - 00:00

Cupones Bursátiles

Ahora se produce una nueva baja bursátil y resulta un espécimen de envergadura: Telefónica. Y esto nos trajo a la memoria cuando esas naves de gran porte fueron ingresando al mercado local, derivado de las privatizaciones. Mientras la deserción de compañías de medicina y larga trayectoria, aunque no de tanto tamaño, proseguía sin cesar, un directivo de la Bolsa, de aquel entonces, con el pecho hinchado de orgullo nos decía: «Importa la capitalización bursátil total, que venga una grande como éstas compensa -con creces- a varias más chicas que se vayan...». Nada alcanzaba a convencerlo de que un mercado se contrae, si comienza a centralizarse en un grupo que haga de enorme foco de atracción. Y se van perdiendo una serie de rubros diversos, que se retiran de la cotización. Nuestra idea: bienvenidas las nuevas y si son de mucha importancia, mejor. Pero, hay que hacer algo para detener la sangría de otro tipo de sociedades, que cada año se van separando de la oferta pública.

Después, la misma idea pareció ir tomando fuerza en desestimar la fuerza atomizada, popular, de pequeños inversores -a los que se llamó, despectivamente, «el chiquitaje»- en virtud de la aparición de las AFJP y ciertas carteras importantes, que volcaban dinero del exterior. Todavía hoy, hay los que siguen como aborreciendo que se juntara gentío en las calles aledañas. O que la vera del recinto estuviera rebosante de socios. La clave parecía ser concentrar en menos compañías, y eliminando capas inversoras de escaso tamaño, porque igualmente la prosperidad del sistema estaba asegurada (y con menos trabajo).

Hoy, sumándose Telefónica a la deserción y teniendo un mercado que trepando en el semestre como lo ha hecho el Merval, no consigue generar ningún ruido, sucede que las AFJP ya no existen. Que las grandes carteras tocan otros puertos. Y que el sistema se nos ha convertido en un reducido juego entre profesionales. Y lo peor con eso es que no hay terreno esponjoso, no existe el «colchón» amortiguando los altibajos. Que era, justamente, el valioso aporte de ese desechado mediano y pequeño inversor.

Que -además- le daba el color, el marco, la imagen de que la Bolsa es una «inversión viva», por oposición a las que resultan simples cruces de pantallas y asientos contables. Aquello «fue», difícil que vuelva. Pero, la ida de Telefónica: «es». (Sólo cabe esperar que no resulte una seguidilla de savia derramada).

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