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Cupones Bursátiles
De donde los genes de la crisis surgida hace un par de años habría sido: «Un desastre gestado en las aulas» (título utilizado por Paul Krugman, en su nota reproducida por el diario Clarín del último fin de semana).
Al parecer, hubo una serie de elegantes teorías que sedujeron a las universidades. Y saltaron desde allí hasta Wall Street. Con lo que vuelve a colocarse en el epicentro de la escena a una operatoria de índole bursátil, dejando de lado que todo estalló a partir de bancos -y banqueros- aventureros, que fueron compitiendo a ver quién hacía cartera más densa de compradores inmobiliarios: buena parte de los cuales no estaba en condiciones de acceder -racionalmente- a tales viviendas nuevas. Transformar las hipotecas en bonos -con la fatídica «securitización- y pescando tomadores de esos papeles para transferir el riesgo implícito, en la negligente manera de tratar lo que fue el tradicional método del crédito inmobiliario. (Aventura que aquí se intentó ensayar, prometiendo que todo inquilino podría acceder a la vivienda propia con tal tipo de préstamos. Y que -prácticamente- ninguna entidad bancaria quiso asumir, muriendo en el cajón de las estúpidas propuestas de estos años).
Lo implementado en el sector inmobiliario de Estados Unidos y a través del sector bancario: nada tenía que ver ni con el capitalismo bien entendido, mucho menos con lo que se pueda denominar como «método racional». Todas las crisis, de cualquier época, están basadas en el comportamiento irracional de gestores y participantes. Utilizando instrumentos aptos para la buena práctica y retorciéndolos, a conveniencia de los bribones de las finanzas. Esto viene siendo así desde un ingenioso John Law -por nombrar a uno muy destacado y con virtudes que los de hoy no poseen- que, prometiendo minas de oro en California, salvó temporalmente las finanzas de Francia y creó una euforia en toda clase social. Culpar a lo racional de este dislate es -cuando menos- una intencionada grosería, que el «inversor inteligente», de Benjamín Graham, debe saber eludir a tiempo.


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