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Cupones bursátiles
Por más que se quiera, se pierde la concentración y la apariencia por el negocio, cuando se ingresa a períodos cortados por feriados como los de fin de año.
Lo que suceda después del viernes, retoques mediante que siempre se buscan realizar, es un tiempo suplementario que acaso no deba incorporarse a las conclusiones que -por norma- se efectúan a modo de: «Balance del año». El que corresponda a nuestro mercado ya viene escrito de antemano, no hay demasiado que hurgar al ser tan en blanco y negro las cuestiones.
Si nos tenemos que quedar con una imagen de las que aquí lanzamos, como para graficar números y pensamientos, nos quedamos con aquella de un mercado que fue como un jugador de la NBA, en su altura de índice, pero con las zapatillas de una jugadora de hóckey. Demasiado conseguido, con tan poco apoyo energético, basando la solidez del movimiento, que logró tan buenas diferencias: en la posición muy rígida de la oferta. Tanto en los momentos más brillantes, como en los que se vieran acosados por un nerviosismo desde el contexto local, o exterior, en casi ninguna rueda se vislumbró una salida en estampida, desordenada, para crear temores a un fuerte sesgo bajista. Perfiles de «corrida», advertimos muy pocos, inmediatamente conjurados y vueltos al curso normal.
Si hay que otorgar un «trofeo» hipotético a las fuerzas del mercado, no dudamos en que debe ser entregado a los poseedores de acciones que se «sentaron» sobre ellas y acompañaron a lo largo del ejercicio. No porque resulten «filántropos bursátiles» -está claro- posiblemente porque ante la falta de alternativas con la agilidad de trepada que posee lo bursátil, prefirieron cerrar las manos.
Una columna de precios yendo por el ascensor, mientras los negocios siempre trataron de no perder más escalones: yendo por la escalera. Y así se llega a finales de temporada donde apareció una rueda de apenas 17 millones de pesos -todo un símbolo- rodeada de otras fechas donde no se lograba superar los 40 millones de pesos. El nuevo año comienza de otro modo, ya no desde el valle de las cotizaciones como en el 2008, y esto plantea trabajo más arduo: para cosechar el fruto.


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