27 de mayo 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Si uno acomoda el espíritu para suplantar las evidencias por las ansias, está en problemas. Si se procura retorcer los hechos -como suelen hacerlo los que alimentan la caldera del optimismo- para que se ajusten a las teorías, o a los pronósticos, se dispersan estímulos engañosos para que los jugadores no se aparten del tablero y hallen siempre nuevos incentivos, por pueriles que sean. Y si el inversor sensato, uniendo las postales que ofrece el mundo y su problemática actual, tiende a ser sumamente cauteloso y desconfiado, hace bien.

La imagen de índices de Bolsa que se mueven triunfales cuando en el contexto emergen contrariedades serias ha resultado muy habitual a lo largo de los meses.

Sorpresa

A tal punto que causa más sorpresa ver descensos en los mercados, como si ello resultara un raro espécimen y solamente excepcional. Por lo que la fábrica de «esteroides» redobla esfuerzos, busca -y encuentra- alguna novedad que aparente jugar de buena, para después ofrecer una nueva dosis de ilusión, capaz de contener la secuencia correctiva. Hace unos días, ocupó las portadas de medios de toda índole el ingreso a la cotización de una «tecnológica» con salto en seco de casi el 150 por ciento. Que nos retrotrae en la memoria a zonas del año 2000, las advertencias de Greenspan acerca de «exuberancia» y el posterior estallido de tal tipo de activos. Una década después, con tremenda crisis global en el medio de ella, una por una reaparecen las principales causas de los desbordes que -después- salieron de las Bolsas, ganaron los escritorios bancarios y produjeron el gran estallido.

¿Se aprendió algo del desastre? ¿Se estableció un nuevo marco, un régimen que variara los peligros de raíz? Está a la vista que no. Solamente remiendos, salvatajes, culpables que parecían cadáveres y hoy lucen renovados, de nuevo en la senda.

Gusta demasiado la fortuna fácil, el caminar sobre las aguas, armar esquemas para salir a la caza de incautos. Ninguna mente acostumbrada a esto abandonó su sistema y únicamente el temor, que caló muy hondo en las sociedades aquejadas, está deteniendo la vuelta a marcha plena. Eso y las economías que están pagando las facturas con virulencias sociales. Nada ha cambiado.

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