9 de abril 2012 - 00:00

Cupones bursátiles

Como se apagan los pozos petroleros incendiados, arrojándoles dinamita, resulta casi increíble el modo en que varían los focos de atención para la opinión pública. Y el paralelo, con los pozos, calza justo para significar el modo en que súbitamente lo de YPF dejó de ser motivos de tapas periodísticas, utilizando la «dinamita» de regresar -con todo- al asunto de la empresa Ciccone, Boudou, más todo el carnaval que se armó de inmediato. Casi como si «alguien» digitara, decidiera, como una orden general, que unos hechos sumamente candentes se apaguen, reemplazados por otros. Y del mismo modo, seguramente, veremos que detrás de Malvinas, de YPF, de Ciccone, de Boudou (y otros actores en la trama) acaso surja un tema capitalizando toda atención. Y cambiando el frente de las polémicas y las notas periodísticas. O bien, la reaparición de alguno de ellos, volviendo de la trastienda al primer plano.

No hay paz para los atribulados operadores del mundo, que vienen lidiando con los mismos problemas desde hace ya unos años. El foco de éstos está en aquellos países europeos, o Estados Unidos.

Por buen lapso el operador local sabía que debía resignarse a ver replicar lo del exterior en nuestro Merval, la peor condición que dispensa lo global, pero en 2012 también se ve alterada la «paz interior» del ambiente doméstico. Y en casi todos los asuntos que estallan, aparecen personajes, empresas, que pertenecen al sector bursátil nacional. Una especie de «juego de pinzas», donde hay palos si bogas por lo de afuera. Y ahora, también caen palos, si debes bogar por lo de adentro. Demasiado conflicto para tan poco mercado, demasiados perjuicios para un sistema que ya viene de anemia en anemia, desde hace mucho.

Alguna vez apuntamos, al inicio de la crisis, que operar en Bolsa resultaba ser mucho más que arriesgado, casi se trataba de un hecho «heroico».

En este mes de abril no queda otra que repetirlo, porque en el horizonte se forman tornados, unos tras otros. Tristes horas para la Bolsa. Penoso peregrinar, para los fieles que siguen. (Un recuerdo para los ya caídos, en batalla desigual...).

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