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Cupones bursátiles
No, en verdad no se puede pasar por alto que el tema urticante fue la ratificación de lo que se venía insinuando -cada vez más- a lo largo de agosto: el caudal ya casi seco, para el segmento accionario de Buenos Aires y de parte del capital de riesgo doméstico. Como el lunes no actuaba Wall Street en el circuito, se montaba un escenario sin órdenes de apoyo exterior y como medidor de la realidad local. Saben todos que el monto conseguido, en la primera rueda de setiembre, fue solamente de $ 8 millones (por las dudas, en letras, ocho millones de pesos) para cubrir el horario habitual. (Si se quiere traducir en el dólar proscripto, sería algo más de un millón de tal moneda).
Se podrá decir, en un intento suavizante, que en nuestra Bolsa hemos llegado a tocar el famoso «fondo del pozo» y que ya tanta miseria como la del lunes será difícil de ver. ¿Quién puede aseverar esto, sobre la base de qué? Acaso hay que esperar por otro feriado en Wall Street y ver si se puede lavar semejante imagen decadente. Al tiempo que el dólar está amordazado con varios cepos, que los plazos fijos -ante la falta de alternativas- han crecido bien, en pesos, en el pasado sondeo. Y que en algunos de los «bonos» de deuda, la llama siguió encendida: las acciones están fuera de todo menú de las personas -hace mucho- y de las carteras, desde recientes disposiciones. Para lo que quedó el sistema bursátil es para habilitar más títulos de deuda, como las «Obligaciones», o fideicomisos que todo lo invaden, además de reunir buenos montos en «cauciones» (que resultan un instrumento mucho más financiero que bursátil, como lo eran antiguamente).
De tal forma, las variables de presentación de nuestro mercado accionario a inicios de mes son un saldo de ocho meses con el Merval que navega en pérdida, junto con ruedas completas de poco más de $ 20 millones. Y un círculo doméstico del lunes, que nada más movilizó $ 8 millones de efectivo. Situación merecedora de disparar alarmas, que inviten a ciertos foros de instituciones y funcionarios para intentar reanimar a un sistema que acusa su propia crisis.


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