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Cupones bursátiles
Que el Banco Europeo se intoxique con activos indigestos, en realidad pasivos sin esperanza de pagos, o que la Reserva Federal dé la señal de partida para lo que llamamos una tercera ronda de «tragos gratis». Cosa que los muchachos se acerquen de nuevo a la barra y la ilusión de sostener mercados buenos, con economías malas. Nos extrañó que, el martes, todo lo que daba vuelta por las pantallas resultaban informes negativos, sin que los imaginativos suavizantes de imagen se dispusieran a tratar de equilibrar, compensar, lo adverso de los hechos con lo maquillado de las interpretaciones. Acaso, pensamos, resulte la nueva estratagema y dejando que el escenario se haga cada vez más insostenible para que aquellas «expectativas» vayan a concretarse. No una, varias veces en los últimos mensajes -ambiguos- de Ben Bernanke, el funcionario dejó claro que estaba todo dispuesto para nuevas ayudas: «Si es que notaban que la economía se iba deteniendo aún más...» (no es literal, pero sí la esencia). Mostrar una serie de mediciones, como «manufacturas», retrocediendo a unos años antes, bien podrían ser los justificativos apropiados (dejando en segundo plano el que, se olfatea, sea el principal: la incómoda situación política de Obama, frente a las elecciones).
Los chinos han dejado de ser la gran esperanza, para tornarse en un nuevo problema global. Desbordados de inventarios que no tienen salida, aunque sin detener la producción, es sencillo imaginar los «bolsones» de oferta que habrán de derramarse sobre las demás economías, a precios de liquidación y vulnerando toda ética comercial. Todo indicaría que se está ante una declinación de los índices de riesgo, pero a la inversa, todo luce como preparado para partir en festejos alcistas, donde esas ayudas se hagan realidad. Dos dimensiones, separadas, entre las economías reales y la ficción que envuelve a los mercados. Por ahora, la ficción sigue ganando. Fascinante.


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