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Cupones bursátiles
Hasta ahora, siempre lo hemos realizado sobre los promontorios que más se visualizan, pero en adelante colocaremos la lupa para identificar desajustes o desvíos, que no hacen fracasar una operación y una inversión pero sí opacan la chapa de una gestión directiva.
A título de ejemplo, vimos que ayer dimos nuestro punto de vista (no necesariamente el acertado) sobre la política de expansión de capital, llevada adelante por Molinos Semino (desde el 2009, en adelante). Nuestro foco siempre está en las hipotéticas manos, de un simple inversor de la minoría. Y no será ningún contrasentido -que en ocasiones- haya que destacar medidas de tono positivo desde lo empresario, que no sean favorables: desde las necesidades de la acción cotizante.
En tal dicotomía ubicamos ayer la muestra de M. Semino.
Hoy vemos a San Miguel -en su balance, páginas atrás- y le decimos con franqueza a su directiva, que no estamos de acuerdo cuando en su "reseña informativa": sólo se dice que ya los conceptos, se volcaron en la "memoria".
Primero que la tal "reseña" debe ser enviada con anticipación al balance que se trate: y si así no lo hicieron, cayeron en falta.
Además, ¿es tanto trabajo hacer una síntesis de lo expresado en la "memoria"?, ¿tan poco entusiasmo se pone?. Y -de última- hemos visto el lunes el balance de Celulosa Argentina. Y en su caso (alguna vez lo dijimos, al pasar) resalta sobremanera lo que -creemos- debe constituir un caso único de nuestra historia bursátil.
Que las sociedades puedan tener grupos de control de origen -y sede- extranjera: no es tan infrecuente. Pero, que el 66% del capital de Celulosa esté siendo controlado por una "SRL" -Tapebicuá- con asiento en Madrid, España. Y, a la vez, ésta controlante de Celulosa resulte controlada por una llamada "Tapebicua Cayman" (también limitada) con sede obvia en el tal paraíso fiscal: es tan fascinante no ya de ser, sino de sólo imaginar.
¿Qué podemos objetarle a eso?. Pués, nada. Suponemos que hay otros organismos, si hubiere algo que objetar. Apenas manifestamos: asombro. (Siempre se aprende).


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