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En los 80, logró obtener la patente para distribuir su invento, un ciclón utilizable en aspiradoras. Ya en los 90 James Dyson era un célebre diseñador independiente, tenía además cierta estabilidad económica pero mantenía constantes conflictos legales por sus licencias y no estaba conforme con la forma en que las empresas utilizaban su patente.
Cierto día, una de las empresas que había adquirido la licencia para utilizar su patente archivó el proyecto, decidiendo no fabricarlo. Este suceso provocó mucho enojo en James quien decidió comunicarles y retarles diciéndoles: "Si ustedes no lo quieren fabricar, lo haré yo mismo". Dyson decidió así recorrer el camino en solitario, y realmente fue un "duro camino".
El reto fue aún mayor, Dyson debía reunir al menos casi tres millones de dólares para poder iniciar la empresa. James acudió a muchos bancos en busca de financiación, y la mayoría mostraba desconfianza en su proyecto, en esta difícil situación, James decidió invertir sus propios ahorros, pedir prestado dinero a familiares y amigos e hipotecar además sus propiedades.
Finalmente, reunió con mucho esfuerzo gran parte del dinero necesario para comenzar. A principios de 1993, Dyson puso en el mercado su primer modelo, el DC01 a un precio de 300 dólares y al cabo de tan solo 18 meses, las aspiradoras Dyson se convirtieron en un éxito de ventas en el Reino Unido. A los consumidores les encantaba el asombroso poder de la máquina. Hacia fines de 1994, la empresa había acumulado ventas superiores a los 15 millones de dólares.
En menos de dos años las aspiradoras Dyson poseían ya el 12% del mercado británico, después llegaron a Europa, Estados Unidos y finalmente al resto del mundo.
Actualmente, James Dyson insiste en que no es un hombre de negocios, pero sigue con sus diseños y su obsesión lo hizo millonario. Es el único dueño de una planta de 20 millones de dólares, que cuenta además con ventas anuales de alrededor de 400 millones de dólares.
Dyson sigue siendo el mismo emprendedor que era como cuando hizo el prototipo de cartón, una frase que siempre repite es la siguiente: "Es el miedo al fracaso lo que me hace seguir trabajando por el éxito".


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