31 de mayo 2013 - 00:00

Dejó dudas el desempeño del seleccionado de elegidas

Para el final del desfile quedó la estrella máxima, Valeria Lynch, con “Piensa en mí”, poniendo en delirio a sus muchos fans.
Para el final del desfile quedó la estrella máxima, Valeria Lynch, con “Piensa en mí”, poniendo en delirio a sus muchos fans.
No es novedad que, desde sus inicios, el Teatro Colón dio espacio a actividades ajenas a su lugar de máximo escenario lírico del país y de América del Sur, desde el tango y el folklore al sainete pasando por actos políticos, elecciones de reinas de belleza, bailes de carnaval y un interminable "etcétera". Pero pocos hechos levantaron tanto revuelo desde su anuncio como el recital colectivo que, bajo el absurdo título de "Las elegidas: sus éxitos sinfónicos en el Colón", se llevó a cabo anteanoche en su sala, atiborrada de un público heterogéneo.

Salvo por una iluminación en fucsia sobre el fondo de la tradicional cámara acústica y discretos equipos de amplificación (palabra que siempre genera escozor cuando va asociada al Colón), nada diferenciaba el escenario del previsto para cualquier concierto sinfónico-coral. El público ingresó en la mayor tranquilidad y se ubicó ordenado y respetuoso. A las 20:27 las 60 mujeres seleccionadas para integrar la orquesta (más un baterista "infiltrado") y las 30 cantantes del coro dirigido con maestría por Hernán Sánchez Arteaga hicieron su entrada.

Diez minutos después, y luego del ingreso del jefe de Gobierno Mauricio Macri al palco oficial, las luces bajaron y Verónica Varano, enfundada en un diseño blanco de Jorge Ibáñez (responsable también del vestuario de las diez vocalistas), avanzó hasta el proscenio para dar la bienvenida, agradecer entre otros a Macri y a Pedro Pablo García Caffi director del teatro- por haber permitido la realización del concierto en el Colón y anunciar sucesivamente a "la gran maestra de la orquesta" Natalia Dorfman y a las cantantes, con un tono acartonado propio de una locutora de un acto oficial.

Tras la ejecución de una "Obertura" de Guillermo Guareschi responsable también de los arreglos junto con Gerardo Gardelín, Roberto Pintos y la propia Dorfman- de texto ininteligible cantado por el coro, a María Graña le tocó abrir el fuego con "Naranjo en flor", y desde ese inicio los altibajos signaron la primera parte. Las deslucidas actuaciones de Marcela Morelo ("Esperar por ti") y Fabiana Cantilo ("Mago en prosa") fueron compensadas por las de Graña, Julia Zenko (a la que si bien no se advirtió en su mejor forma vocal se debe reconocer la emoción que generó con "Honrar la vida") y Sandra Mihanovich, levantando el fervor del público con una desgarrada versión de "Puerto Pollensa".

Casi paralizada por la emoción, Patricia Sosa pudo finalmente liberar su energía y su voz en "Aprender a volar" luego de que María Martha Serra Lima, conmovida por el entorno y el recuerdo de su padre ("que cantó diez años en este escenario"), arrancara otra gran ovación con "Por amor". Sin su fraterno adlátere Lucía Galán puso más fibra que caudal en "Primero yo" y tras ella Virginia Tola, única cantante lírica de estas elegidas (algún alma caritativa evitó el retorno de la insufrible Gabriela Pochinki al Colón), dio cátedra de vocalidad, expresividad y manejo escénico en "Contigo en la distancia", apabullando a muchos que posiblemente escucharan por primera vez en vivo una impostación tal. Para el final del desfile quedó la estrella máxima, Valeria Lynch, con "Piensa en mí poniendo en delirio a los muchos fans que poblaban todas las ubicaciones, de la platea al paraíso.

Tola, Morelo y Galán hicieron a continuación esfuerzos por equiparar volúmenes y timbres en "El día que me quieras" y tras ellas Zenko, Lynch, Mihanovich y Sosa aunaron cuidadamente sus voces en "Por qué cantamos", el himno de Benedetti-Favero popularizado por Nacha Guevara (una de las "no-elegidas"). Siempre con la adecuada concertación de Natalia Dorfman y el impecable marco sonoro de orquesta y coro, hubo dos interpretaciones más de "Honrar la vida", una a cargo de las diez cantantes y otra con el agregado del público que canturreó tímidamente. Los que lo hicieron se habrán marchado con la satisfacción de haber cantado ellos también en el Colón y todos con la sensación de haber vivido un acontecimiento casi bizarro. Lo difícil es suponer que alguno de los que se acercaron para vitorear a su cantante favorita corra ahora a comprar entradas para "Die Frau ohne Schatten", la ópera de Richard Strauss con la que continúa su vida el Teatro Colón.

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