"He sido esclavo laboral y sexual de una secta católica de depravados, encubiertos por algunos jerarcas de la Iglesia", dijo una de las presuntas víctimas, boliviano y afincado en España desde hace nueve años. "Nos obligaban a saludarnos siempre con besos y a estar desnudos", añadió.
Sufrió abusos, dijo, entre los 18 y los 23 años y "ahora que tengo 36 y he podido escapar de sus redes, quiero denunciar sus atrocidades", afirmó a Religión digital.
El caso fue denunciado ante el Vaticano por el sacerdote español Fidel Blasco, quien recibió en julio del año pasado una respuesta del cardenal Rylko, presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, diciendo que "los hechos son de tal gravedad que la autoridad eclesiástica competente tiene que actuar inmediatamente".
Como las autoridades de la Iglesia no actuaron, Blasco decidió dar a conocer el caso a través de los medios.
Cuando el periodista autor del reporte, el teólogo José Manuel Vidal, entregó al papa Francisco en septiembre un dossier sobre estos supuestos abusos sexuales, el pontífice le suplicó "publíquelo".
El relato del exmisionero comienza diciendo que la comunidad misionera de San Pablo Apóstol es "una mafia espiritual dedicada al abuso sistemático de seminaristas y novicias, a los que hacen ir completamente desnudos en sus casas y que se convierten en esclavas y esclavos sexuales y laborales, a disposición permanente de los líderes de la organización".
Nacido en el seno de una familia de agricultores en Cochabamba en 1979, fue reclutado como misionero a los 18 años por religiosos de la MCSPA y se fue a Milwaukee (Estados Unidos).
"Al principio -recordó- todo era agradable y los curas sumamente amables pero, poco a poco, empezaron a mostrarse tal y como son. Lo primero que hicieron fue hacernos vivir una vida casi cuartelaria y sumamente estricta".
Tras sorprenderse por la obligación de saludar siempre con besos y a estar desnudos en las habitaciones, "todavía me escandalizo al comprobar que entre los curas y los seminaristas había parejas tanto homosexuales como heterosexuales".
Tras dos años en Estados Unidos fueron enviados a África, a Nariokotome (Kenia), con el español Paco Andreo, "el fundador y máximo líder", donde "descubrí una corrupción moral inaudita en una misión católica de curas y monjas misioneras".
Allí comprobó que los miembros de la comunidad eran "consumados expertos en marketing solidario" para excavar pozos y construir iglesias y escuelas, con lo que así "tranquilizaban su conciencia".
"Pero la mayor parte del maná que llegaba de Europa y de América se utilizaba para acallar las conciencias y tapar la boca de los jóvenes kenianos que eran utilizados, al igual que los propios miembros de la institución, como esclavos laborales y sexuales".
Porque Paco Andreo "era un homosexual activo, un auténtico depredador sexual, que obligaba a mantener relaciones sexuales a multitud de jóvenes" y "montaba orgías con hombres y mujeres en las que a veces participaba activamente y otras veces se dedicaba a mirar cómo una de sus monjas fornicaba con dos negros a la vez".
En una ocasión Andreo le mandó desnudarse y "comenzó a tocarme y a masturbarme. Al verme tan nervioso y que mi aparato sexual no se inmutaba con sus manejos, me llamó moralista y me dijo que saliese de su cuarto".
También denunció "maltrato físico y psicológico" pues "en muchas ocasiones de los insultos verbales se pasaba a los golpes físicos".
Cuando fueron trasladados a Estados Unidos, él y otro compañero colombiano se escaparon de la misión.
Andreo murió en 2013 víctima de un cáncer. El denunciante vive actualmente en Barcelona, dijo que "a pesar de lo mucho que sufrí, no siento odio ni rencor", y pidió que la iglesia "disuelva esta secta católica" y "poder ver al Papa, recibir su consuelo y su apoyo".
| Agencias ANSA y AFP |


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