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Desafíos: bajar la deuda y salir de la parálisis
El Ejecutivo que sucederá al gabinete tecnócrata de Mario Monti, quien aspira a volver a ser primer ministro, esta vez con elecciones de por medio, llegará al poder previsiblemente con menor presión en los mercados financieros que cuando lo hizo el excomisario europeo en noviembre de 2011.
Pero, a su vez, sentirá sobre sus hombros el peso del deber de conservar la confianza que Monti devolvió a las finanzas de Italia en trece meses, ampliando o revisando alguna de sus reformas o, incluso, aboliéndolas, como puede pasar si gana la centroderecha liderada por el ex primer ministro Silvio Berlusconi.
En los cinco años de legislatura que se abrirán a partir de la formación del Parlamento el crecimiento será el principal reto económico que se habrá de plantear el Gobierno para conseguir que Italia salga lo antes posible de la recesión en la que entró a finales de 2011 y deje atrás una década de débil crecimiento.
La actual contracción de la economía, que el Banco de Italia estima que fue del 2,1% en 2012 y que será del 1% este año, tiene su primera consecuencia, en línea con lo que ocurre en otros países de la zona euro, en una tasa de desempleo récord, que en diciembre se situó en el 11,2%, y que se prevé llegue al 12% en 2014. Con un desempleo juvenil del 36,6%, los candidatos son conscientes de que quien llegue al poder deberá poner manos a la obra en la tarea del relanzamiento económico, un asunto que Monti tiene pendiente tras comprobar que sus medidas no dieron los frutos deseados en términos de productividad. Este reto, sin embargo, quedó eclipsado en la campaña electoral por el principal tema de campaña de Berlusconi: la necesaria reforma que rebaje la presión fiscal sobre los italianos.
En concreto, el impuesto sobre bienes inmuebles, el IMU, que Monti reintrodujo sobre la vivienda habitual para sanear las cuentas públicas, pero que Berlusconi promete volver a abolir (devolviendo, incluso, lo pagado por los contribuyentes en 2012), algo que ha obligado al resto de los principales candidatos a prometer una revisión de la tasa, conscientes de que es una prioridad para los ciudadanos.
Con la suba del IVA al 22% aún pendiente para julio, se abren muy distintos escenarios en los próximos meses dependiendo de quién llegue al Gobierno, desde la continuación del rigor de Monti y Bruselas, hasta una mayor laxitud en términos fiscales que


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