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Desafíos: el gasto, las tasas y el dólar barato
Esto último, en rigor, ya ha sido abordado con suerte esquiva por su mentor, Lula da Silva, con una serie de medidas, como la oferta de títulos en reales en los mercados de Estados Unidos, Europa y Japón, la aplicación de impuestos a las operaciones financieras del exterior y el control a la entrada de capitales foráneos en la Bolsa.
El ministro de Planificación, Paulo Bernardo, apuntado para asumir la jefatura de la Casa Civil (jefatura de gabinete) comentó recientemente que Rousseff «no tendrá que hacer el ajuste que hubo en los primeros años del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, cuando había riesgo inflacionario. (Pero) es evidente que si ella tiene que hacer un ajuste fiscal, lo hará. Creo que hay que hacerlo, aunque no sería algo relevante, pues no hay riesgo inflacionario».
La reducción de las tasas de interés, por la que presionan tanto las patronales simpatizantes de la oposición como los sindicatos que apoyan a la nueva presidenta, «será uno de los objetivos a mediano plazo del nuevo Gobierno. Pues, sin un temor fundamentado a la inflación, se tiene que volver a reducir la tasa básica de interés -actualmente, en el 10,75%- como se hizo en el período poscrisis para estimular el comercio», comentó a Ámbito Financiero la economista Lucia Andrade.
La política monetaria brasileña alcanzó mínimos históricos, con una tasa estable del 8,75% entre septiembre de 2009 y abril de este año. No obstante, tanto la Federación de Industrias del Estado de San Pablo (FIESP), la mayor patronal brasileña, como la Central Única de Trabajadores (CUT) y la Fuerza Sindical, los principales gremios del país, consideran que la reducción de las tasas, que están entre las más altos del mundo, permitirá un mayor crecimiento económico en el gigante sudamericano. El Ministerio de Hacienda divulgó la semana pasada un informe en el que prevé que la economía de Brasil crecerá el 7,5% este año y en una tasa anual promedio del 5,9% entre 2010 y 2014. «Es claro que con tasas bajas se corre el riesgo de una mayor entrada de capitales, pero con un control dentro de la línea que ha caracterizado al equipo económico del Gobierno en los últimos años, Brasil garantizará también el crecimiento que se ha propuesto el país», apuntó la especialista en mercados de la Pontificia Universidad Católica (PUC) de San Pablo.
La semana anterior, el Banco Central anunció que el país acumuló entre enero y septiembre un déficit de cuenta corriente de u$s 35.063 millones, cifra que representa el 2,39% del Producto Bruto Interno (PBI) y casi el triple de los registros para el mismo período de 2009. Rousseff, según las previsiones del emisor, asumirá el poder con un déficit de las transacciones corrientes de Brasil con el exterior calculado en 2010 de 49.000 millones de dólares, 15.600 millones más que en 1998, cuando el país había alcanzado el anterior récord de déficit.
«Es un saldo negativo que obedece, en gran parte, al aumento de los gastos de los turistas brasileños en el exterior y al auge de las importaciones y su impacto en la caída del superávit comercial, que son dos situaciones movidas por el llamado dólar barato», explicó Andrade. Otro aspecto crucial son las remesas de empresas extranjeras que buscan engrosar con sus buenas ganancias los balances de sus casas matrices en un momento de negocios flacos en el mundo desarrollado.
El aumento de la inversión extranjera, que en los nueve primeros meses del año acumuló 22.630 millones de dólares -un 28% superior al mismo período de 2009-, no compensó el avance de gastos con remesas enviadas al extranjero y compras de productos y servicios del exterior.
Según informaciones aparecidas en los medios locales, el Gobierno de Lula pedirá a la Bolsa de San Pablo que limite las operaciones de derivados del dólar, como una de las medidas adicionales para frenar el avance del real. La divisa estadounidense registró en octubre sus valores mínimos en dos años. Lo que ocurra con su cotización será un dato clave para la Argentina, tanto en materia comercial como en la facilidad de las empresas brasileñas para comprar activos al otro lado de la frontera.
El ministro de Hacienda, Guido Mantega, evitó confirmar la versión, pero pidió «observar con más atención» los resultados de las actuales medidas adoptadas, como el aumento del impuesto que se cobra sobre la inversión extranjera en renta fija, que pasó del 2% al 4% y luego al 6%, y facilitar al Tesoro Nacional la compra de dólares y destinarlos al pago de la deuda externa, por un período de 48 meses.
«Existe una presión del sector exportador para evitar una caída significativa del dólar, y eso, sin duda, impacta cualquier acción en política monetaria del nuevo Gobierno. Pero no existen bases para pensar que Brasil dejará la fluctuación y ejercerá un control absoluto del cambio, como en Venezuela, o pasará por una dolarización como la que adoptó Ecuador», declaró a Ámbito Financiero el analista de cambio Rafael Maraba.
Las medidas iniciales, que se tornaron insuficientes para evitar la caída del dólar, fueron la compra diaria de dólares por parte del emisor. «Es claro que el Gobierno saliente y el entrante van a aplicar más medidas, como el control de capitales», subrayó Maraba.
El secretario brasileño de Comercio Exterior, Welber Barral, admitió que el Gobierno estudia la posibilidad de limitar las inversiones provenientes de China en sectores estratégicos. «Brasil es hoy uno de los principales destinatarios de inversiones directas. En algún momento deberá discutir a cuáles y qué tipo de inversiones pretende dar prioridad», señaló Barral. Ante ese escenario, consideró Maraba, Rousseff «tendrá que discutir medidas para el control de capitales chinos en los sectores agrícola, minero y de telecomunicaciones», que a pesar de representar sólo el 2% de la inversión extranjera, crecen con fuerza en los últimos años y, según Maraba, «ponen en alerta» a sectores productivos sensibles, como el de la soja.
* Corresponsal en Brasil


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