La situación de Miguel Santa Marinha, el único detenido por el crimen de la diseñadora Celina Bergantiños, se complicó en las últimas horas con varios testimonios que lo incriminan y las sospechas de una relación oculta con la víctima.
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El hombre fue acusado por "homicidio y robo", una carátula que se confirmó el miércoles luego de que se negara a declarar ante la Justicia.
Para sustentar la acusación, la Justicia cuenta con una serie de elementos, que incluyen el testimonio de dos amigos suyos, que señalaron que también les confesó el crimen, y el de su propia esposa.
Un informe publicado en la página Fiscales.gob.ar señala que "Santa Marinha pasó a estar imputado por la declaración testimonial de dos amigos, quienes relataron que les confesó ser el autor del crimen". "Me mandé una cagada, maté a Celi", les habría confesado en una estación de servicio a los testigos Santa Marinha, cuya esposa es amiga íntima de la víctima, y también declaró en tono similar al presentarse en una comisaría.
En tanto, también incrimina al sospechoso un video en el que aparece estacionando su auto en el garaje contiguo al PH en el que vivía la víctima y el testimonio de un empleado del establecimiento, que dijo que el hombre llamó varias veces ofreciendo dinero por las imágenes, con distintas excusas, como el hecho de demostrarle a la esposa que no le era infiel.
Sobre el móvil del crimen, Santa Marinha contó a sus amigos que a su esposa Romina le había faltado una calza en el local de indumentaria que tiene en Monte Grande, y que él luego descubrió que la prenda estaba en la casa de Celina.
Según consta en las declaraciones, los propios amigos de Santa Marinha no creyeron que ése fuera el móvil; uno de ellos le dijo: "Miguel, nadie mata por una calza", y el otro le preguntó si había tenido "algo" con Celina, lo que el ahora detenido negó.
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