12 de enero 2009 - 00:00

Diálogos en Wall Street

El periodista dialoga con el experto en mercados internacionales que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko -el protagonista de la película «Wall Street»-, para quien el plan de Barack Obama no llegará a tiempo. «Hacía falta cerrar un acuerdo político durante la transición y diseñar un programa concreto antes de la asunción, para producir efectos balsámicos en el primer trimestre», indicó. Sin embargo, con el anuncio, el presidente electo norteamericano «gana tiempo valioso al propalar un mensaje claro y contundente. Modela las expectativas de antemano», sostuvo.

Periodista: El año 2008 cerró con una pérdida de 2,6 millones de empleos netos en los EE.UU. Más que nunca en los últimos cincuenta años. La quinta parte -524.000- se evaporó en diciembre. Y, a decir verdad, se temía que hubiera sido peor.
Gordon Gekko:
No se engañe. Por donde lo mire, el número es muy malo. Confirma lo grave de la situación. No despeja ningún interrogante ominoso.
P.: Se creía que la cuenta podía haber trepado a 600.000. Un informe privado -que surgió de extrapolar la evolución de las órdenes de pagos salariales que se abonan en forma tercerizada- arriesgaba una destrucción de 693.000 puestos de trabajo el mes pasado. Sólo en el sector privado.
G.G.:
No se olvide de que se trata de la lectura inicial. Es una estimación preliminar, no un dato definitivo. Y la tendencia persistente es que, a medida que se avanza en el procesamiento de más información, los recortes se profundizan. La primera cifra de noviembre ya pasó de 533.000 a 584.000. Y también hubo que ahondar, por segunda vez consecutiva, la magnitud de la caída de octubre.
P.: ¿Ve señales de apaciguamiento? ¿Despunta una recuperación en el horizonte?
G.G.:
No todavía.
P.: Cuando uno analiza el mercado de trabajo, advierte un corte tajante. Hay un antes y un después de la caída de Lehman.
G.G.:
Eso no se discute. De los 2,6 millones de empleos que se esfumaron en todo 2008, hasta agosto no se había perdido ni siquiera un millón.
P.: El descalabro comenzó en setiembre.
G.G.:
La velocidad a la que se destruyeron puestos de trabajo se multiplicó por un factor de 4 veces en setiembre y octubre, y de 5 en noviembre y diciembre. La tasa de desempleo, que hasta terminado setiembre se ubicaba en 6,2%, subió luego un punto completo. Y ello, a pesar de que muchos trabajadores potenciales, fruto del creciente desaliento, se retiraron de la oferta laboral.
P.: Esta es la vorágine que, en su opinión, no tiene freno.
G.G.: Todavía no.
P.: Pese a que la dinámica que Lehman puso en movimiento ya comenzó a ser neutralizada en muchas otras áreas delicadas. Como, por ejemplo, en los mercados financieros.
G.G.:
Eventualmente, si se consigue evitar nuevos shocks, la onda expansiva agotará su impacto en el mercado laboral. Pero ello aún no ocurrió.
P.: ¿No puede jugarnos una mala pasada la obsesión por monitorear la creación de trabajo o -en este caso particular- su destrucción? Nunca la nómina de empleo se comportó como una variable muy útil para predecir el ciclo.
G.G.:
No es un indicador de anticipación. Tiene razón.
P.: Y mucho menos la tasa de desocupación; una variable que, por antonomasia, responde en forma retrasada.
G.G.:
Correcto. No me guío por esa información. Ni por los anuncios de reducciones que formulan las empresas con profusión, pero que siempre son de incierto cumplimiento. Me apoyo, más bien, en las solicitudes de subsidios por desempleo y en la marcha de las horas trabajadas. Ambos indicadores son muy sensibles al ciclo y, por sobre todo, cargan con un bagaje de probada capacidad predictiva.
P.: Y no auguran nada bueno.
G.G.:
No hay un punto de inflexión. A menos que quiera forzar la lectura del último dato de los subsidios de desempleo. Las horas trabajadas muestran una caída vertical. Desde setiembre, se contraen a un ritmo anualizado que supera holgadamente el 7%. En diciembre, lejos de amainar, el proceso se aceleró. No es, para nada comparable, con la calma que los mercados financieros supieron recuperar. La conclusión para la economía real es muy diferente. Todo indica un derrumbe en el cuarto trimestre y la continuidad de la caída en el primero.
P.: ¿Llegará a tiempo para el rescate Barack Obama con su caballería de medidas?
G.G.:
No es casual el énfasis que pone en la creación de empleo. La próxima administración está viendo la película correcta. A estas alturas, uno puede adivinar cómo avanza la trama. Pero no llegará a tiempo: hacía falta cerrar un acuerdo político durante la transición y diseñar un programa concreto antes de la asunción, para producir efectos balsámicos en el primer trimestre. No va a ser posible. Obama no tendrá listo su arsenal pero, al menos, gana tiempo valioso al propalar un mensaje claro y contundente. Así modela las expectativas de antemano. Pero lo que sirve para tranquilizar a los mercados financieros no alcanza aún para torcer el curso de la economía real.

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