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Diálogos en Wall Street
El periodista dialoga con el experto en mercados internacionales que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko, protagonista de la película «Wall Street», quien analiza las caídas consecutivas en las Bolsas del mundo y los riesgos de una corrección que termine con el rebote iniciado en marzo. «Hay que admitir -dice- que, después de semejante comilona, la mesa está lista para que retiren el mantel». El especialista advierte que tampoco ayudarán las próximas cifras sobre el mercado de trabajo, que se anticipan poco favorables.
Gordon Gekko: La reunión se celebró el 12 y 13 de agosto. En lo esencial, las proyecciones de la Fed no difieren de las que utilizó en el cónclave de junio. Pero, en el intervalo, el flujo de nueva información le otorgó a esas mismas previsiones una dosis mayor de confiabilidad. Y en estas tres semanas posteriores, la tendencia se acentuó.
P.: La economía de EE.UU. ya está creciendo.
G.G.: Así parece. De hecho, uno de los segmentos más castigados, la actividad industrial también muestra un repunte. En EE.UU., en Europa, y en Asia. El índice ISM, por ejemplo, ya cruzó el umbral crítico de 50 (sugiriendo que la industria de los EE.UU. crece por primera vez desde enero 2008). Lectura que en el pasado siempre ocurrió después de que la economía dejara atrás la recesión. La Fed, en sus minutas, plantea que la demanda final recién aumentaría en 2010. Pero, con los datos más recientes a mano, ello podría estar ocurriendo en estos momentos.
P.: Son las Bolsas, no los banqueros centrales, los que ahora fruncen el ceño.
G.G.: Las Bolsas subieron a cuenta de una futura recuperación. No es que ahora la pongan en duda (cosa que no hacen), sino que, mucho antes, ya la cargaron en los precios.
P.: ¿A pleno?
G.G.: Un avance del 50% no es una mera miscelánea.
P.: Es una paradoja que las Bolsas subieran con tremenda fuerza cuando las noticias eran malas, pero mejores de lo esperado. Ahora que son buenas, en forma absoluta, no alcanzan a reflotar el entusiasmo. Es una negación de la matemática: la segunda derivada pesa más que la primera.
G.G.: Es una variación del viejo clásico de «comprar con el rumor y vender con la noticia».
P.: La promesa se convirtió en realidad. No se discutía la promesa, se compraba a libro cerrado, y, sin embargo, ahora se mira la realidad con una lupa potente. Con énfasis en el detalle, desplegando un abanico renovado de objeciones.
G.G.: Son las reglas de juego. Pero no se equivoque: si la promesa no se verificaba o se dilataba sin un horizonte razonable de concreción, la situación, tarde o temprano, iba a ser dramática.
P.: Una trampa cazabobos.
G.G.: Tal cual. Hoy lo que se discute no es el movimiento al alza en sí, sino la variación en el margen. Su magnitud.
P.: La idea de una corrección inminente flota en el aire. Se instaló hace ya varias semanas y no se disipa.
G.G.: Tampoco se concreta. Pese a las condiciones propicias.
P.: No bastó con el sacudón de Shanghai.
G.G.: Por lo visto, no. Pero hay que admitir que, después de semejante comilona, la mesa está lista para que retiren el mantel.
P.: Quizás las noticias del mercado laboral terminen propinando el empujón.
G.G.: Ayer tuvimos un anticipo. La estimación de ADP -una variable que se correlaciona con la medición oficial de la creación de puestos trabajo- arrimó el dato tentativo de una destrucción de 298 mil empleos.
P.: En el sector privado.
G.G.: El sector público jugará a favor. Digamos que la Bolsa está sobre aviso. El consenso anticipaba una contracción de empleo privado en el orden de las 250 mil posiciones. No debería esperarse un número favorable.
P.: No es una diferencia menor. ¿Cómo se entiende que la Bolsa no acuse recibo?
G.G.: No piense que tenemos respuesta para todo. Pero, si me obliga, le diría que la fuerte caída de las tasas largas es un elemento estabilizador y que también gatilló el informe.
P.: La tasa de diez años se derrumbó. Cayó al 3,29%.
G.G.: Cuando en junio arañó el 4%. Si usted se baja de la Bolsa, ¿adónde se estaciona? La idea del arbitraje con los bonos no luce tentadora. A la par, también ayer se revisaron las cifras de productividad del trabajo.
P.: Son muy robustas.
G.G.: En el margen, la productividad trepó un 6,6% anualizado. Los costos laborales unitarios, por el contrario, se hundieron un 5,9%.
P.: La economía se recupera. El empleo, no.
G.G.: Es una síntesis muy acertada.
P.: La conclusión obligada es que la recuperación no debería ser muy vigorosa.
G.G.: Bastará con neutralizar la variación de stocks, para que las cifras del tercer trimestre sean muy potentes. Pero, es verdad, no se podrá sostener una dinámica pujante si la demanda final no reacciona. Y, mientras no cicatricen las heridas del mercado de trabajo, es difícil pensar en una recuperación del consumo que le provea oxígeno suficiente.


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