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Diálogos en Wall Street
Con el precipicio a la vista, Europa, por fin, se sacudió la parálisis y dio un vital golpe de timón. Una cumbre contra reloj arrojó decisiones largamente esperadas. Gordon Gekko, el alter ego de un especialista de las finanzas, examina las conclusiones del cónclave y las coloca en su justa perspectiva.
Gordon Gekko: Si no lo es, se le parece.
P.: La Bolsa italiana escala más del 3%. En Madrid, el Ibex trepa casi otro tanto y retoma el umbral de los 10 mil puntos. Se desinflan las primas de riesgo-país. Las acciones financieras resucitan. El índice Stoxx de bancos europeos anota un repunte del 4%. ¿La cumbre fue un éxito?
G.G.: Piense que dos días antes el presidente Sarkozy había dicho, según un medio francés, que el egoísmo de los alemanes era criminal. La canciller alemana Merkel no quería asistir a la reunión. Y una conversación telefónica entre ambos, el martes, resultó en un completo fracaso. Tuvo que viajar Sarkozy a Berlín (fuera de agenda) y forjar un acuerdo con Merkel contra reloj, sabiendo que Europa afrontaría un Armagedón financiero si no se mostraban avances.
P.: Sí o sí, la cumbre tenía que arrojar un resultado convincente.
G.G.: Debía demostrar ante todo que Europa es capaz de abandonar la parálisis y de tomar las decisiones difíciles.
P.: Y los líderes europeos también tenían que corregir la puntería. Un paquete sobrecargado de anuncios, pero que extraviara la brújula podía convertirse en un búmeran.
G.G.: Creo que la presión internacional ayudó a no perder el rumbo. No permitió que ganara terreno la idea de escapar por la tangente (que, ciertamente, campeaba cuando se dejó traslucir que la medida más contundente bajo estudio era el impuesto a la banca). Pienso, además, que esta vez hubo picardía. Dos horas después de comenzado el cónclave se filtró a la prensa un «borrador» de las conclusiones.
P.: Cuando todavía no eran definitivas.
G.G.: Fue un «globo de ensayo». No estuvo mal sondear cuál era la respuesta de los mercados a iniciativas delicadas como la probable refinanciación de la deuda griega, a plazos más largos y a tasas sensiblemente más bajas que las de mercado.
P.: El meneado default selectivo de Grecia.
G.G.: Tal cual. El presidente del BCE, Jean Claude Trichet, formó parte de la cumbre. Lanzar ese borrador fue lo mismo que sugerir que el BCE aceptaba la operación.
P.: La respuesta de los inversores fue positiva.
G.G.: Provocó el alivio, o la euforia, que usted mencionaba. La deuda soberana de los países del euro es muy grande, la deuda griega no lo es. Y lo que más asusta es ver a Europa ahogándose en un vaso de agua cuando la tormenta tiene a su disposición todo un océano por agitar.
P.: A esta altura las Bolsas prosiguen el alza. Aunque todavía no conocen los detalles del plan. Se puede decir que les gustó lo poco que vieron aunque podrían decepcionarse después, cuando emerja el cuadro completo y definitivo.
G.G.: Tendría que ser muy diferente.
P.: Siempre se dice que el diablo está en los detalles.
G.G.: No lo discuto. Pero aquí se delinearon ya decisiones muy importantes, cruciales para contener la crisis. No constituyen una sorpresa en sí, porque la discusión previa ya las había develado. Pero faltaba la aprobación política y ése es el aporte fundamental de la cumbre. Tome la Facilidad Europea de Estabilidad Financiera. Ampliar sus alcances se debatió por meses sin llegar a nada. Finalmente hoy (por ayer) Europa le concede el visto bueno. Es un salto hacia delante.
P.: La Facilidad extenderá los plazos de la asistencia a Grecia. A 15 años. Y, contra lo que fue la tesitura original, muy errónea, ahora se promueve que el costo de los préstamos se reduzca hasta llegar al 3,5%...
G.G.: Tal cual. Uno piensa que esos serán los términos que se le ofrezcan a los tenedores privados de deuda griega de corto plazo para que participen de la refinanciación.
P.: No la imagino voluntaria.
G.G.: No será fácil decir que no.
P.: ¿Podrán los bancos absorber el impacto? Aunque tomen un bono par, será una inmovilización considerable.
G.G.: No es casual que se haya resuelto que la Facilidad podrá utilizarse para financiar la recapitalización de la banca.
P.: O comprar deuda en los mercados secundarios.
G.G.: Ahí importará la letra chica final. Se habla de que cualquier intervención requerirá de un análisis del BCE sobre la vigencia de circunstancias excepcionales.
P.: Habrá que ver cómo funciona ese requisito. Bien puede ser una traba que impida su utilización.
G.G.: Seguro. Pero es un avance innegable frente a la imposibilidad absoluta que existía antes de la cumbre. Y los fondos de la Facilidad, por último, también podrán ser usados como parte de un paquete preventivo de intervención.
P.: ¿Cómo es eso?
G.G.: Ya no hablamos de Grecia. O de los países que ya volcaron. Aquí hay poder de fuego que se reserva para cortar un eventual contagio.
P.: ¿Esta Facilidad Europea de Estabilidad Financiera viene a suplir lo que se le pedía que hiciera el BCE? ¿Finalmente Trichet y sus pares se salieron con la suya? ¿Consiguieron nomás que los gobiernos se hicieran cargo del problema sin involucrar para nada a la política monetaria?
G.G.: La respuesta correcta no la dará ningún documento que emita la cumbre. Sino la marcha de los acontecimientos. El BCE es muy celoso de su independencia. Y eso obliga también a velar por las apariencias.
P.: Pareciera que sí impusieron su criterio.
G.G.: Habrá que ver cómo se maneja la refinanciación de Grecia. Se dice que el BCE aceptaría el default selectivo sólo si los gobiernos garantizan la deuda en la transición. Si fuese así, le daría la razón.
P.: ¿Cree que este plan funcionará?
G.G.: Es un avance sustancial. Y tiene la ventaja de que si no alcanza se lo puede escalar. Y si el BCE no participa -como usted lo sugiere- tiene una rueda de auxilio.
P.: ¿Cuál?
G.G.: Si la marcha se atasca la posibilidad de recurrir al BCE.


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