17 de enero 2012 - 00:00

Diálogos en Wall Street

¿Cuál fue la respuesta de los mercados a la rebaja de S&P de reducir a mansalva las calificaciones de riesgo de media Europa? Para Gordon Gekko, el alias de un experto en las finanzas internacionales: para Europa fue más duro absorber la rebaja en agosto de EE.UU. que ahora su infortunio.

Periodista: La Europa devaluada por Standard and Poors no tuvo un estreno demasiado penoso.

Gordon Gekko: Hasta se diría que fue alentador.

P.: ¿Qué pasó? S&P avisó con antelación sus intenciones. ¿Ya los mercados habían absorbido en sus precios la realidad de que Francia no era AAA?

G.G.: La realidad es que París ostenta un rating «partido». Las otras agencias, Fitch y hoy (por ayer) Moodys, ratificaron la máxima calificación de Francia. Los mercados anticipan; es verdad, las agencias se toman su tiempo para reaccionar. Pero cuando se asiste a una rebaja drástica, masiva (9 de los 17 países de la eurozona), lo usual es que se sacuda fuerte el bote. No es común librarse así del trauma del anuncio (aun en los casos en los que la decisión se descuenta de antemano).

P.: Lo que esta vez ocurrió.

G.G.: Tal cual. Aun si incorpora el moderado repliegue que se registró el viernes, cuando se filtró la noticia. O el impacto duro, selectivo, sobre Portugal.

P.: ¿Hubo intervención del BCE?

G.G.: Sí. Tanto el viernes como hoy (por ayer).

P.: No parece haber sido muy voluminosa.

G.G.: Habrá que revisar los números la semana próxima. Los bancos centrales nacionales estuvieron presentes desde temprano. Con «bids» (ofertas de compra) de mayor tamaño que lo usual.

P.: ¿En papeles de corto plazo? ¿En bonos largos?

G.G.: En el tramo corto de la curva.

P.: La subasta de letras de Tesorería que hizo Francia -en ese mismo segmento- no le trajo contratiempos.

G.G.: No. Las tasas volvieron a bajar. Levemente.

P.: Uno diría (antes de tener las cifras duras) que el BCE ha enfrentado ruedas mucho más dramáticas en el pasado reciente. No tuvo que trabajar a destajo esta vez.

G.G.: Hay que tener en cuenta que lo crucial no es el volumen, es saber que el BCE está presente. No es tan fácil, en ese caso, montar una corrida. Aquí, directamente, no se intentó. Segundo: el sistema financiero, después de la ampliación de los pases del BCE, luce bien irrigado, muy líquido.

P.: Prefinanciado.

G.G.: Correcto. En ese sentido, a Europa le costó más lidiar con la rebaja del rating soberano de EE.UU. en agosto que ahora con su propio infortunio.

P.: Ese salto inesperado en los redescuentos, cuando treparon a casi 15 mil millones de euros un par de semanas atrás, ¿se revirtió por completo?

G.G.: Tal cual. Mire, en un contexto diferente, con los bancos estrangulados, sin acceso al financiamiento de corto plazo, otro hubiera sido el impacto de la degradación crediticia. Lo que hoy quedó en evidencia es que no hubo ventas forzadas de posición. No hubo histeria.

P.: Es un avance.

G.G.: Fundamental. Le va a permitir a Europa jugar más fuerte.

P.: No hay mal que por bien no venga. Francia estaba obsesionada con la pérdida de su status AAA.

G.G.: Ya hay quien dice allí que, como la escalera de las agencias calificadoras tiene 21 peldaños, no es tan grave bajar uno solo desde lo más alto. Es una reacción de alivio: la amenaza se consumó y se descubre que hay vida después de la rebaja.

P.: ¿Qué cree que pasará con el fondo de rescate europeo? ¿Se lo reforzará para que recupere el rating AAA?

G.G.: No lo creo. No hay apetito. Y si la baja de calificaciones no estremece, si no eleva los rendimientos que se pagan, menos.

P.: ¿La tregua europea se mantiene vigente?

G.G.: Así es.

P.: ¿O así parece? ¿No habrá que dejar correr más agua bajo el puente?

G.G.: Será bueno chequear cómo le va a Italia con su próxima subasta de obligaciones.

P.: Gente del propio BCE, el fin de semana, expresó su temor sobre la suerte de Italia. Tiene un programa financiero muy grande que cubrir, y la pérdida de dos escalones de calificación lo podría tornar cuesta arriba.

G.G.: El BCE compró hoy papeles españoles e italianos. Es obvio que son los nombres que había que defender. Pero no necesitaron mucho apuntalamiento (las tasas de Portugal -donde el BCE no está interviniendo- sí subieron). Está claro que el Banco de España manejó las subastas de deuda mucho mejor que el Banco de Italia. El Tesoro español paga hoy tasas más bajas que a principios del año pasado. No es el caso en Italia. No se puede descartar un barquinazo. Pero, aún así, creo que la tendencia es la misma. Poco a poco la liquidez de la banca derrama y termina por aceitar el mercado de deuda pública.

P.: Ésa era la intención de lanzar el programa de pases a tres años. De hacerlo irrestricto y con una segunda dosis en febrero.

G.G.: Funcionó.

P.: Dos grandes espadas de Damocles pendían sobre la eurozona. Superado el examen de la pérdida de calificaciones; resta resolver la situación de Grecia. Y la negociación no viene fácil.

G.G.: Hay una reestructuración con quita anunciada hace más de medio año. Y la quita que iba a ser del 25% se elevó al 50% (y hay quien pide más porque el alivio para Grecia, si va a proceder por esa única vía, es insuficiente para estabilizar sus finanzas). Para peor: la deuda cambió de manos. Y los bancos, que son más fáciles de presionar, han cedido participación a los fondos de cobertura. Y, por último, a medida que pasa el tiempo, y Grecia se mantiene corriente en sus pagos gracias a los desembolsos multilaterales, la poda a los privados debería aumentar.

P.: Esto no terminará bien. La novedad es que la soga podría cortarse en marzo.

G.G.: Vamos a un simulacro de default. Que es lo mismo que ir a un default y pretender desactivarlo, en la mesa de negociación, en los últimos cinco minutos. En manos de la Unión Europea, ya se sabe, esto puede terminar en cualquier cosa. Y le decía: si Europa resiste una degradación crediticia sin inmutarse, querrá jugar más fuerte.

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