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Diálogos en Wall Street
Las buenas noticias no le caen bien a Wall Street. Y tampoco le agradó la franqueza de Richard Fisher, de la Fed, poniéndole fecha al principio del fin del QE3. Lo conversamos, como siempre, con nuestro hombre en Manhattan, el mítico Gordon Gekko.

Gordon Gekko: Hay varios números alentadores. Los dos ISM (de la industria manufacturera y de los servicios) resultaron mejores que lo esperado. Las mediciones en el sector de servicios son robustas también en Gran Bretaña y, un poco menos, en Alemania. De hecho, el índice global de actividad de servicios de JP Morgan aumentó con una pujanza que no se veía desde febrero de 2008.
P.: Buenas noticias y, sin embargo, la Bolsa retrocedió. Le sientan mejor las decepciones leves como el informe de empleo.
G.G.: Hasta cierto punto, sí. Pero tampoco se puede abusar. Estos números prometedores, así intercalados, vienen bien. No recalientan la temperatura ambiente, pero sirven para mantener vivas las expectativas de una economía más vibrante. Con Wall Street en la cima, batiendo récord tras récord, hay que tener una coartada, un argumento, a mano. Es lo mínimo que se puede pedir.
P.: La discusión por el QE3 abrió la semana con un nuevo aporte proveniente de la Fed. Habló Richard Fisher, presidente de la Fed de Dallas. ¿Se viene otra catarata de comentaristas oficiales?
G.G.: Hay varios anotados para los próximos días. Es inevitable.
P.: Fisher contribuyó a reinstalar el ánimo sombrío.
G.G.: Nunca estuvo a favor de la iniciativa. Ni siquiera cuando se la implementó. Que quiera comenzar el repliegue en la próxima reunión es lo que cabía esperar. Hasta diría que midió sus palabras. En otro momento hubiera sido más áspero. Recuerde cuando Jeff Lacker, de la Fed de Richmond, dijo que si fuera un dictador, suprimiría el QE3 en el acto.
P.: Eso se tomaría como una declaración de guerra. Sería una bomba.
G.G.: Hay que entender que los halcones siguen siendo halcones. Si por ellos fuera, el QE3 ya no estaría en la marquesina. Así que si ahora abogan por un desguace, en septiembre no es una gran novedad.
P.: Lo sé. Lo interesante de Fisher es el argumento que barajó. En junio, Bernanke habló de tener la faena concluida para cuando la tasa de desocupación llegara al 7%. Y sabemos que el último mes se redujo del 7,6% al 7,4%. Ya es tiempo. ¿No le parece?
G.G.: Ése es el corazón del debate dentro de la Fed. No a todos les parece el enfoque acertado.
P.: ¿Y cuál es la objeción?
G.G.: La idea del QE3 era promover una mejoría sustancial de las condiciones laborales.
P.: La creación de empleo mejoró. La tasa de paro, también.
G.G.: De acuerdo. Sin embargo, en la relación entre el empleo total y la población no se observan progresos. El ratio actual -el 58,7%- es el mismo de septiembre pasado. La tasa de desocupación cayó, pero, en parte, por el desaliento y la deserción de la fuerza laboral. Las horas trabajadas crecían al 2,6% el año y medio previo al lanzamiento del QE3 y sólo al 2% después.
P.: Me embarró la cancha.
G.G.: Ése es el terreno de la discusión. Hay quienes dicen que el Comité de Mercado Abierto no debe focalizarse sólo en la tasa de desempleo y la creación de puestos de trabajo, que tiene que ponderar un conjunto más amplio de indicadores laborales. Es una posición distinta de la de Fisher.
P.: Habrá que ver cuál prevalece. En principio, Fisher opina, pero no vota. ¿A usted qué le parece?
G.G.: Es muy sencillo. Pero primero contésteme la pregunta: ¿cuál es el apuro? ¿Qué mueve a la Fed?
P.: ¿Qué pretende que le diga?
G.G.: Si es la salud de la economía -lo cito aquí a James Bullard, de la Fed de St. Louis- entonces hace falta reunir más información, en esta segunda mitad del año, antes de meter mano en el QE3. Bullard, el viernes, habló de esperar hasta ver que los progresos se materialicen "en los meses por delante".
P.: Se ve que no tiene prisa. No creo que sea el caso dominante.
G.G.: Si hay urgencia, las condiciones para una salida de compromiso ya están dadas. Use el ejemplo que dio Bernanke tras la reunión de junio y el argumento de Fisher. Si la Fed va a desmontar el QE3 en etapas, y quiere terminar cuando el desempleo perfore el 7%, si lo que hay que satisfacer es una regla mecánica, septiembre es el momento de empezar. Y a lo que habría que dedicarse en las próximas semanas sería a inculcar la idea. Tocará volver a machacarla.
P.: Quizás sea la función de los oradores que siguen: Evans, Plosser, Sandra Pianalto. ¿No cree?
G.G.: Si Evans suena hostil, entonces sí, es "game over" y ponga las barbas en remojo para septiembre.


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