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Diálogos en Wall Street

Periodista: ¿Será contagioso? Obama prometió lanzar misiles sobre Damasco, pero, a la hora de la verdad, no tuvo capacidad de "delivery". La Fed instaló el asunto de la poda del QE3, y cuando tenía que usar las tijeras, Bernanke dijo que le faltaba información. ¿Falló el temple? ¿No midieron bien los peligros, y se dieron cuenta a último momento?
Gordon Gekko: Bernanke dirá que la Fed nunca prometió nada. Que la decisión no estaba tomada de antemano, que era condicional a los avatares de la economía, que se cansó de repetirlo y no le creyeron, y, sin embargo, finalmente así sucedió. La economía no está lista y es mejor tomarse más tiempo.
P.: También señaló que la Fed no puede dejar que las expectativas de los mercados dicten las acciones de política monetaria.
G.G.: Lo escuché. El punto es que los mercados formaron sus expectativas en función de su prédica. Si sus personeros no hubieran machacado tanto con la reducción de la compra de bonos, no la hubieran incorporado como el escenario más probable. Se sabe que la Fed está en offside: no hay pleno empleo ni una inflación al 2% (sino más baja). Y tampoco se registra la mejoría sustancial de las condiciones laborales que se fijó como objetivo del QE3. O sea que no había ningún apuro. La noción, antes que Bernanke abriera la boca, era que la compra de bonos iba a permanecer indemne.
P.: ¿Cree que la Fed acaba de dar un paso en falso?
G.G.: La idea de que aquí hay gato encerrado merodea hace mucho tiempo. O la Fed es inconsistente o aquí talla alguna razón de peso que, a la manera de lo que ocurre con un iceberg, no asoma a la superficie. La Fed no ha sido inconsistente en el pasado. Todo lo contrario. Hay que hurgar por el lado de las variables omitidas...
P.: ¿Será que Bernanke adhirió a la teoría de la ambigüedad constructiva? "Si no me han entendido, es que he hecho bien mi trabajo", dijo alguna vez su predecesor, Alan Greenspan.
G.G.: La clave era que no lo entendieran, y no que lo entendieran mal. Un error así puede ser tremendamente destructivo. No se olvide que la verdadera arma con la que cuenta hoy la Fed -o cualquier banco central del G-7, agotada la munición convencional- es la comunicación. Es en su interés que la emisión del discurso cuente con una buena recepción. El banco central está sentado sobre una montaña de bonos: 3,4 billones (millones de millones) de dólares. Si se comprendió mal y resulta que la Fed quiere seguir comprando 85 mil millones de dólares al mes y no los 75 o 70 mil millones que se pensaba, es un error que involucra cambio chico. Pero dése cuenta de lo que está en juego. No es cierto que las expectativas de los mercados no puedan dictar las acciones de política monetaria. Pueden, además, arruinar sus resultados. O tornarla impotente.
P.: Bernanke reconoció que el banco central fue muy optimista en sus pronósticos sobre la economía. No es criticable, detectada la equivocación, apurarse a subsanarla.
G.G.: Esa es una excusa formal. La Fed en junio necesitó una visión rosa del futuro para justificar una eventual reducción del QE3. Y la construyó a medida. Tres meses después, la remueve para justificar la inacción. Las verdaderas razones permanecen en la trastienda. Por algún motivo, no se ventilan públicamente.
P.: La Fed necesita estabilizar las tasas largas antes de retocar el QE3. La frase es suya. ¿Será que temía no poder lograrlo? La Fed aclaró que no pensaba subir las tasas cortas, pero las largas treparon igual.
G.G.: Otro ejemplo de que las expectativas de los mercados cuentan. En los hechos, lo que se produjo desde mayo fue un endurecimiento de la política monetaria. Las tasas reales de interés escalaron a caballo del escenario de robustez que montó la Fed. Hubo una "sobrerreacción" y entiendo que la magnitud de la suba fue mayor que lo que se deseaba. Pero un retoque simbólico del QE3 no tendría que haber agravado la situación, más si la Fed rebajaba sus pronósticos. Hecha la gran inversión de preparar el terreno para el retiro suave del QE3, es difícil explicar por qué se la dilapida. Así se fabrica un "tabú que puede ser muy inconveniente.
P.: Tal vez, haya sido la proximidad de la disputa por el "techo" de la deuda pública.
G.G.: Sabemos que hay un ajuste fiscal en curso, que no habrá arreglo por el sequester, que la discusión por la deuda se tensará hasta el último minuto, pero lo sabíamos antes. No cambió nada.

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