2 de marzo 2015 - 00:00

Diálogos en Wall Street

No hubo efecto enero, pero Wall Street se resarció con creces con un febrero espectacular (como no se registraba desde octubre de 2011). Nos reunimos con nuestro hombre en Manhattan para examinar las perspectivas que se abren para marzo.

Diálogos en Wall Street
Periodista: Enero decepcionó, febrero fue buenísimo. El mercado alcista en las Bolsas sigue empujando, nunca agota sus baterías...

Gordon Gekko:
La mayoría de los índices importantes trepó más del 5% en febrero. El NASDAQ hizo punta con un avance del 7%. Y el sector defensivo por naturaleza -los servicios públicos- se hundió el 6%.

P.: De nuevo los inversores se posicionan muy agresivamente. Sin embargo, esta semana que pasó, faltó explosión.

G.G.:
Lo que se mantiene inalterable es el serrucho. No hay un alud comprador que se lleve puesto todo en su camino. Los récords caen, unos tras otros, pero después de mucho trajín.

P.: Los míticos 5 mil puntos del NASDAQ -el récord que data de los tiempos de la burbuja de las compañías punto com- esperan a un paso de distancia. Todo indica que finalmente serán rebasados, ¿o no?

G.G.:
Quince años después. Y nadie puede negar el salto de la tecnología. En términos reales, esos 5 mil puntos del año 2000 equivaldrían a unos 7 mil puntos actuales.

P.: Presentado así, luce menos burbujeante.

G.G.:
Wall Street no está barato. No lo discuto. O dicho de otra manera, sólo está barato si su valuación se compara con la de los bonos.

P.: Después de tamaña exhalación en febrero, ¿qué nos espera en marzo? ¿Un respiro? ¿O la continuidad del movimiento?

G.G.:
Quizás haya que cuidarse de los idus de marzo. Pero aun así, lo más sensato es dejar las acciones correr. Sé que no prueba nada, pero de los últimos diez febreros que cerraron con subas superiores al 5%, en nueve de ellos, la inercia positiva se extendió a marzo.

P.: Estamos en la temporada dulce de las acciones.

G.G.:
Y en el tercer año del mandato presidencial, que también presenta la singularidad persistente de retornos mucho más altos que la media. La tendencia es tu amiga dice el refrán. Déjese llevar por la corriente.

P.: Las ganancias corporativas ya no fluyen como antes. Los pronósticos se recortan semana tras semana. No sería extraño que las utilidades del primer trimestre sean inferiores a las de un año atrás. ¿No le preocupa?

G.G.:
No ocurre una merma desde el tercer trimestre de 2009. No es alentador, pero refleja un impacto muy concentrado en el sector de energía. ¿Es un presagio de un mal que luego se generalizará? Si usted pensara que sí, está a tiempo de dar las hurras a excelentes precios.

P.: Usted, por lo visto, piensa que no.

G.G.:
Menores precios de la energía afectan negativamente a las empresas del sector pero, a medida que se derramen a toda la economía, le darán un fuerte impulso al consumo y a los márgenes de rentabilidad de otros sectores. Si ésa es la dinámica correcta, la caída del primer trimestre (y quizás también del segundo) será un bache transitorio y la antesala de una recuperación ulterior sobre una base mucho más amplia de compañías.

P.: ¿No ve mayores peligros? ¿No hay moros en la costa?

G.G.:
La Fed va a mudar su lenguaje en la reunión del 17 y 18; cuidado, pues, con los idus de marzo. Va a tensar la retórica...

P.: ¿No era que prefería dilatar la puesta en marcha de la suba de tasas?

G.G.:
Se va a tomar más tiempo para actuar y endurecerá la comunicación.

P.: No me pareció que Janet Yellen, en sus visitas al Congreso, sonara muy agresiva.

G.G.:
No obstante, ya circula una legión de oradores con un discurso más combativo. Stanley Fisher, Bill Dudley, James Bullard, Loretta Mester, todos ellos entre jueves y viernes, cargaron el voltaje de sus palabras. Fisher es el número dos del banco central. Y Dudley, en los hechos, un virtual número tres.

P.: Se acerca el tiempo de subir las tasas, dijo Fisher. Y Mester, que contradijo el cambio de opinión del consenso, señaló que una suba de tasas en junio es todavía una opción viable.

G.G.:
La paciencia que la Fed mencionaba en sus comunicados desaparecerá del texto tras la reunión del 17/18. La decisión de subir las tasas, a partir de allí, dependerá de los datos económicos que recabe reunión tras reunión. Tal vez alguien se asuste. No debería, pero no lo descarte. Si la Fed machaca mucho con el tema, va a provocar algún tropiezo.

Dejá tu comentario