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Diálogos en Wall Street
La Fed, de brazos cruzados. Yellen prefirió no cambiar las tasas de lugar. La Bolsa festejó, pero la alegría le duró poco. Y, a la postre, cerró en baja. Entrevistamos a Gordon Gekko, nuestro hombre en Wall Street, en busca de claves útiles cuando todavía la polvareda por la decisión nula no se asentó.
Gordon Gekko: Hubo mucho cambio, sí, en la trastienda. Basta ver las proyecciones económicas, la pendiente más suave de la suba de tasas esperada hasta 2018. Que hubo discusiones, que no fue un encuentro meramente formal, no lo dude.
P.: Pero la decisión trascendental no se tomó. Las tasas cero siguen rigiendo.
G.G.: Correcto.
P.: Janet Yellen no quiso correr riesgos. No fuera cosa que la suba de tasas provocara un terremoto.
G.G.: Palos porque bogas, palos porque no. La decisión se votó 9 a 1. Jeff Lacker quebró la unanimidad de las últimas reuniones. Abogó por romper el fuego y llevar el rango de las tasas al 0,25%-0,50%. Pero, está claro, no había consenso en seguirle los pasos.
P.: El discurso público de la Fed machaca con la suba de tasas. La realidad, cuando los votantes se reúnen en la mesa chica, es que la voluntad no termina de cuajar.
G.G.: Es una situación dinámica. Se criticó siempre a la Fed por ignorar las consecuencias externas de sus decisiones, por mirar sólo lo que acontece en los EE.UU. Esta vez, China y la coyuntura global fueron determinantes para tomarse más tiempo. Al final, la Fed resolvió lo mismo que pedían el FMI y el Banco Mundial citando precisamente el impacto internacional. Lo que no se puede dar por sentado, y es el presupuesto de ambas instituciones multilaterales, es que extender la espera no aumente la corrosión que sufren las economías y los mercados más afectados. Hasta que no suban las tasas, por cierto, no habrá reflujo de capitales.
P.: ¿Cómo continúa este largometraje? Wall Street subió como una tromba cuando se supo que las tasas quedaban sin cambios. Pero sólo fue un suspiro de alivio. Y una falsa señal, porque la dirección final apuntó a la baja.
G.G.: La Bolsa llegó a la noticia con un avance del 5% y se desinfló al conocerla. Los bonos arribaron con la armadura puesta, y volaron después. Fue su primera reacción, pero también la segunda y la tercera. Es más convincente. La tasa de 2 años se pinchó como un globo. Acá no hay segundas intenciones ni engaños. Del 0,82% se hundió al 0,68%. Esto es alivio de verdad. Lo demás es tentativo, está por verse.
P.: ¿Qué hacemos con los pronósticos de suba de tasas? La Fed insiste, no da la pelea ahora, la posterga una vez más, pero el espíritu beligerante no se rinde.
G.G.: No hubo "one and done". "Una suba y listo" era el escenario ideal para los mercados. No se dio. Pero tampoco la Fed va a cantar el "none and done", no nos dirá que cancela la operación del despegue, porque no lo estima conveniente. Habrá que convivir con esta incertidumbre, que ya hemos visto que es desgastante, pero que debería resulta menos nociva -limadas ya las cotizaciones- con el paso del tiempo.
P.: ¿Pasa todo para diciembre? ¿O, como usted nos dijo, no nos podemos saltear la reunión de octubre y tenemos que juzgarla como una opción viable?
G.G.: Ya la escuchó a Yellen en la conferencia de prensa, ¿o no? Octubre está en la agenda. Lo dijo con claridad. No habría ningún problema para actuar si corresponde. Bastaría con añadir una conferencia de prensa sobre la marcha y se podría explicar lo que hiciera falta sin mayores inconvenientes.
P.: No sé si Yellen es creíble cuando señala la posibilidad de gatillar en octubre. Sé que la Fed quisiera que a priori todas las reuniones se consideraran en igualdad de condiciones, pero no es así. Y diciembre es la fecha que todo el mundo tiene en mente.
G.G.: La clave estará en las minutas de la reunión que acaba de concluir. Si la discusión fue de voltaje subido, si se llegó a un acuerdo prendido de alfileres, entonces octubre será una plataforma muy razonable. Sobre todo lo creeremos si la Fed instala a octubre en su discurso como caballito de batalla.


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