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Diálogos en Wall Street
La Bolsa se estabiliza luego de varios días en rojo. Conversamos con Gordon Gekko, nuestro alter ego en Manhattan, sobre los últimos avatares en la Gran Manzana.

Gordon Gekko: Es imposible romper los récords. No hay con qué. Y el show debe continuar. Si para arriba se complica, lo obvio es simular un susto y ver hasta dónde se pueden hundir las cotizaciones en la Bolsa. No hay grandes noticias. En realidad, estamos encajonados en un rango.
P.: Después de los números que mostró el mercado laboral, la FED tiene que estar velando las armas. Difícilmente nos podamos escapar de una suba a mediados de diciembre.
G.G.: Si uno le cree a Janet Yellen a pie juntillas, ya tenemos el boleto picado. Pero todavía rige aquello de ver para creer...
P.: Uno lee que los mercados cambiaron sus expectativas. Que ya no piensan que todo se pateará para 2016. Y la FED ha sido recalcitrante en subrayar que su intención es no dejar para mañana lo que se puede ejecutar hoy...
G.G.: Los futuros de fed funds, de un mes a esta parte, multiplicaron por diez las chances que le asignan a un aumento de la tasa de fed funds a mediados de diciembre. Pero todavía dista de ser una certeza. Es un 67% de probabilidad en estos momentos...
P.: ¿Quizás haya una prórroga en diciembre? ¿De último minuto?
G.G.: No se puede descartar. Y tampoco se puede echar de menos la otra variante favorable. Que los mercados ya hayan digerido la novedad. Que compren con la noticia confirmada.
P.: Para la reunión de la FED falta todavía un mes largo. Mucha agua va a correr bajo el puente.
G.G.: Inclusive, otro informe del mercado de trabajo. El de noviembre, que puede relativizar los datos conocidos, puede reinstalar las dudas sobre la fortaleza de la recuperación.
P.: ¿Cómo influye la situación del resto del mundo?
G.G.: Si no hay grandes turbulencias, pesa poco. No es decisiva. La FED, en su último comunicado, ni siquiera la nombra.
P.: Los números de inflación de China, los que se conocieron hoy (por ayer), fueron más alicaídos que lo pensado.
G.G.: Sí. La inflación minorista es del orden del 1,3% anual; dos décimas menos que lo esperado.
P.: Y persiste la deflación mayorista.
G.G.: Correcto. Que se tornó más pronunciada: 5,9% interanual. Cuando comenzó 2015 era del 2,5%.
P.: Exceso de oferta, uno pensaría a primera vista. Demasiada capacidad instalada.
G.G.: Y también un descalce entre el perfil de lo que se produce y lo que se demanda. No se olvide que el país está cambiando su estructura de demanda final. Hoy en día el consumo responde por más de la mitad del PBI. Años atrás eso era inimaginable.
P.: ¿Es factible pensar que el Banco del Pueblo de China responda a esta realidad con una nueva baja de tasas de interés?
G.G.: La sexta vez no tiene por qué ser la vencida. De hecho, no lo fue. Los precios al consumidor cayeron el 0,3%, mes a mes, en septiembre.
P.: Los precios mayoristas hace más de 3 años que operan en baja.
G.G.: Con precisión, 44 meses.
P.: Y ahora caen los minoristas. ¿China entró en deflación?
G.G.: No diría tanto. Los precios de los alimentos se hundieron el 1% y son los que arrastran el índice a territorio negativo. Pero la dirección general apunta a una debilidad que cada vez se acentúa más.
P.: ¿Un relajamiento de la política monetaria en China puede compensar el endurecimiento que promete Janet Yellen?
G.G.: Son órdenes de magnitud muy distintos. El dólar es el árbitro de la liquidez internacional, el yuan no es más que un jugador incipiente.
P.: ¿Y si uno tiene en cuenta que el BCE también va a suministrar más estímulo en diciembre?
G.G.: Tampoco. Lo relevante es que la FED tendrá que hacer lugar en sus proyecciones a un dólar más firme, y esa fortaleza, todo este año, le ha quitado piernas a la recuperación. Quizás saber que el BCE y China se van a lanzar a la pileta, obligue a Yellen a demorar un poco más su decisión. Pero tómelo con pinzas, con acento en quizás.


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