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Diálogos de Wall Street
Fin de año a toda orquesta, y todavía falta la reforma impositiva y se suma un fantástico instrumento: el bitcoin. Qué mejor momento para hablar con Gordon Gekko, nuestro experto en mercados internacionales.

P.: Y a diferencia de lo que fue la primera suba de tasas un par de años atrás, nadie se deprime.
G.G.: Es así. Todo el mundo está dulce. Todo acelera, es una buena ocasión para peinar el freno aunque, en esta exuberancia, no se note.
P.: También se va Janet Yellen viene Jay Powell al frente de la Fed en marzo y a nadie le hace ruido.
G.G.: Estamos esperando a Papá Noel, mucho antes, para que nos traiga la reforma impositiva un par de días previo a la Navidad.
P.: La rebaja de impuestos es la frutilla del postre.
G.G.: Nos servirá una comilona. Espero que después, a la hora de levantarnos de la mesa, no nos caiga pesado.
P.: El presidente Trump le encontró la vuelta al Congreso. Y pretende más. Ya está anunciando el plan de infraestructura, ¿se acuerda?, el que prometió en la campaña...
G.G.: No nos hizo falta, a decir verdad. Menos lo precisamos ahora.
P.: Dice Trump que no ve razones para que la economía no pueda crecer al 5% o 6%.
G.G.: Hay razones que el corazón no entiende. Su negocio es por abajo, no inflamar la política fiscal y obligar a la Fed a ponerle la política monetaria de punta. Aunque le sirvan las declaraciones para salir en la foto. Aprobada la reforma tributaria se encauza la campaña republicana.
P.: La última vez que conversamos nos mencionó esta exuberancia a rienda suelta que vemos hoy, nos dijo que nadie quería bajar la cortina y saborear las generosas ganancias acumuladas. "Los inversores irán por más", nos señaló. Y, vaya, fueron recompensados. ¿Cuál es la idea? ¿Siga, siga, que la fiesta continúa?
G.G.: Sí. Hasta morder la banquina.
P.: Su único deseo era mantener a las criptomonedas fuera de Wall Street, y ya sabía que no iba a ser así. El CME tenía la autorización del regulador para lanzar los futuros de bitcoin. Y sus colegas de CBOE el otro gran jugador de derivados de Chicago le ganaron de mano y fueron los primeros en "institucionalizar" el bitcoin y meterlo en las grandes ligas. Vimos lo que pasó en la antesala: una explosión de cotizaciones como no teníamos memoria.
G.G.: El bitcoin llegó a Wall Street. Lo que para Jamie Dimon, el CEO de JPMorgan, era un "fraude" tres meses atrás ahora es un producto que podés ofrecer a tus clientes. La jugada es brillante. Los creadores y quienes controlan bitcoin ponen la criptomoneda a disposición de las masas. Ya no es un negocio exclusivo. Son multimillonarios de miles de millones de dólares- que invitan a hacer fortuna con una moneda que nadie usa, ni usaría en su sano juicio, como moneda en sí.
P.: Se usa muy poco. Pero, ¿por qué lo dice?
G.G.: Porque no es una reserva de valor, es, en apariencia, una fuente incesante de creación de valor. Sirve para atesorar, no para dar a cambio. Y asumir un pasivo es la ruina. Si me olvidé de pagar una cuenta en bitcoins, digamos un almuerzo de 70 dólares el año pasado, hoy debo 1500. Los multimillonarios en bitcoins (un activo que no genera flujos sino altos costos de mantención) en algún momento querrán realizar sus ganancias en una moneda estable común y silvestre. No necesariamente ya, sino cuando las velas no ardan (que lo vimos con las compañías punto com). Sabemos cómo termina. El bitcoin a las masas; el rico, a sus riquezas.


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