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Dicen en el campo...
...que la «nueva ruralidad», de la que habla el titular de Agricultura, Julián Domínguez, desconcierta a más de uno, aunque ya se está haciendo costumbre el idioma críptico en esa cartera. Tanto es así que hasta en el currículum público del funcionario, en el item «Título», figura: «Ciencias Jurídicas, en curso (SIC). Otros datos difíciles de entender son los de estimaciones de cosecha, que insisten con más de 100 millones de toneladas en la última campaña que acaba de finalizar, a pesar de la fuerte caída en la recolección final de soja (menos de 49 millones) y de la de maíz, cuyos rindes promedio habrían bajado a 6,1 toneladas por hectárea, contra las 8,6 del ciclo 09/10. Y, a pesar del voluntarismo que exponen algunos funcionarios, se prevé cierta tendencia al estancamiento en las siembras de los granos más tradicionales, que tampoco se revertiría en el nuevo ciclo, a pesar de las comparativamente altas cotizaciones internacionales. De hecho, en agosto pasado contra el promedio de 2008 (cuando también estuvieron altos, con récords en junio) los precios en el Golfo de Chicago fueron +10% en soja (u$s 477 la tonelada versus u$s 525 el mes pasado) y + 34% en maíz (u$s 227 la tonelada versus u$s 305 la tonelada). Sin embargo, la suba en los insumos, el clima y, especialmente, la inseguridad sobre la posibilidad de vender el producto por las intervenciones en los mercados (por más que el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, le asegure, a quien quiera escucharlo, que él se va de «ese» cargo a partir de diciembre), no alcanzan para vencer los temores de los productores que no se animan a «enterrar» u$s 400-600 por hectárea. Y debido a esto el estancamiento del trigo y hasta de la soja, mientras que en maíz, si no llueve muy bien y en forma generalizada en los próximos días, varios productores ya hicieron consultas para devolver la semilla que compraron. El tema empeora con la falta de combustible en algunas zonas y con los pronósticos de más conflictos con el transporte, que encarecen adicionalmente los costos agrícolas. En tal sentido, la politización de los problemas que llevó a más de 10 días de irregularidades en la alicaída Hidrovía, eje del comercio de la región (y que requiere inversiones urgentes), son una muestra de lo que puede ocurrir en unos meses más, cuando llegue la cosecha y las elecciones locales ya hayan pasado.
...que, por supuesto siguen los comentarios sobre los déficits que muestra el Plan Estratégico Agroalimentario (PEA), más errores hasta conceptuales de los que hace ostentación y no pocos «olvidos» inexplicables. Por ejemplo, si minimamente se corrigiera el desfase que la política interna provocó entre cereales y oleaginosas en los últimos años, y se volviera a un esquema de rotaciones (de cultivos y actividades), más sano, y se disminuyera/eliminara la intervención en los mercados, el maíz debería tener por lo menos 1,5-2 millones de hectáreas más de siembra, y también incrementaría su área el trigo, entre otros. Sólo eso estaría dando 25-28 millones de toneladas más de cosecha, casi el 50% de lo que el PEA prevé como crecimiento en 10 años, y eso sin considerar el incremento de productividad como resultado de las permanentes innovaciones tecnológicas que aparecen en el mercado. Pero todavía es peor la situación que plantean en actividades como la forestación, área en la que la Argentina luce los índices de desarrollo arbóreo más altos a nivel mundial. Sin embargo, y a pesar de contar con al menos 20 millones de hectáreas para la actividad, de las cuales apenas se ocupan 1,2 millón, el PEA plantea un crecimiento de área al 2020 de apenas 300.000 hectáreas (+ 25%), aunque hay que reconocer que le va mejor que a las hortalizas donde se fija una meta de crecimiento del 4% de la superficie, o a las frutas de carozo y pepita cuyo aumento sería de apenas un magro 9%. Queda claro, entonces, que las actividades más intensivas y de mayor absorción de mano de obra no son las que, aparentemente, se alentarían más. Esto constituye una contradicción adicional entre la letra de los discursos y los cursos de acción oficial. Parece más fácil hablar de la «extranjerización de la tierra», y concentrarse en los cultivos extensivos.


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