Beirut - Para uno de los blogueros más populares de Egipto, Asad Abu Jalil -autor de Noticias de un árabe enojado-, no hay duda. «Los medios occidentales establecieron que los manifestantes sin barba son siempre mejores que los barbudos, y se prefiere menos a los manifestantes pobres que a los adinerados, especialmente si van vestidos con ropa moderna», escribía ayer en su web.
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La ironía de Jalil iba dirigida a la notable cobertura mediática que está recibiendo la crisis de Irán, y a las repetidas quejas de los gobiernos occidentales por las cargas de las fuerzas de seguridad en Teherán, en comparación con la escasa atención que recibió la represión de los comicios egipcios de 2005, cuando quienes protestaban eran los barbudos de los Hermanos Musulmanes.
El sarcasmo de Jalil fue una de las opiniones dominantes entre los blogueros egipcios, que desde que se iniciaron las protestas no dejaron de incidir en el ejemplo que podrían tener entre la población árabe, sometida en su mayoría a regímenes represivos, frente al simbólico silencio que han mantenido los gobiernos de esas naciones.
«Incluso siendo un régimen autoritario todavía permite una cantidad apreciable de libertad. No hay duda de que la próxima generación de activistas se inspirará en lo que vieron en las calles iraníes. Lo que sucede no está pasando en Marte», señaló Gamal Fahmy, opositor secular egipcio.
«Los llamados árabes moderados temen que los jóvenes tumben a Ahmadineyad, y el viento del cambio y la revolución se traslade al mundo árabe. Cuando se habla de fraude electoral y represión, son mucho peores que Ahmadineyad», se leía en otro blog, Egyptian Chronicles.
Prohibición
Uno de los territorios donde la población de origen persa posee una mayor influencia, el emirato de Dubai, prohibió las manifestaciones de iraníes que se solían reunir frente a la embajada de su país desde hacía cuatro jornadas. Según Teherán, cerca de 500.000 de sus ciudadanos residen en Emiratos Árabes Unidos, un país de menos de tres millones de habitantes. También se han registrado movilizaciones similares en Kuwait, donde reside otra significativa colonia iraní.
«No queremos que se traslade aquí la lucha de poder. Hay que tener en cuenta que los partidarios de Ahmadineyad también quieren mostrarle su apoyo, lo que aumenta la posibilidad de enfrentamientos. La embajada solicitó que disolvamos las protestas por la fuerza, pero nos hemos negado», declaró el jefe de Policía de Dubai, el teniente general Dahi Jalfan Tamiz, a la prensa local.
Los países del Golfo, incluido Arabia Saudita, no sólo parecen preocupados por no complicar sus relaciones con Teherán, sino por no generar ningún tipo de reacción adversa en la influyente comunidad chiita que acogen.
La autoridad libanesa también optó por el «no hay comentarios», aunque Hizbulá -recibe nutrida asistencia de Teherán- intentó restar magnitud a lo que sucede en Irán. Su diputado Husein Hajj Hasan equiparó la polémica a lo sucedido durante la primera elección de George W. Bush. «También hubo protestas y decidió un tribunal, que es lo que va a pasar aquí. Es un asunto interno de Irán», declaró a este diario.
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