21 de diciembre 2009 - 00:00

Dolor profundo

Juan Sebastián Verón se va con la cabeza gacha mientras todo Barcelona festeja.
Juan Sebastián Verón se va con la cabeza gacha mientras todo Barcelona festeja.
Estuvo a dos minutos de la gloria y se le escapó de las manos, por eso, a pesar de reconocer la superioridad de Barcelona, la gente de Estudiantes se quedó con el grito atragantado y con un profundo dolor, que simboliza Juan Sebastián Verón en la foto que abre esta nota.

Estudiantes perdió con gloria y aunque duela, tiene que estar muy conforme con su actuación en el Mundial de Clubes, porque dio todo lo que tenía y más, pero no alcanzó ante la superioridad de este Barcelona, que es una «selección mundial» y tiene un técnico adecuado para semejante desborde de figuras, uno que arriesga en ataque y hasta cambia «nombres» por juveniles sin tanto cartel, pero con muchas ganas de tenerlo.

Hay una frase de Juan Sebastián Verón que grafica lo que pasó: «Les debe haber costado mucho ganarnos, por la forma que festejaron», y eso fue lo que pasó, porque Barcelona tuvo que tener mucha paciencia y hasta apelar al juego aéreo (algo casi prohibido en su decálogo futbolístico) para ganar el partido.

Por eso, la prensa mundial destaca tanto la conquista, porque el rival estuvo a la medida y supo cerrar los espacios con mucha inteligencia y sin excederse en el juego brusco, algo que habían argumentado los españoles en la conferencia de prensa previa y que hizo reaccionar a Verón diciendo «que se sentían orgullosos de ser animales», como lo llamaron los ingleses en 1968.

Estudiantes tiene que llevar con orgullo este subcampeonato en el Mundial de Clubes y exponerlo con un éxito, porque a pesar de lo que digan algunos de sus próceres futbolísticos, el subcampeón no es el primero de los perdedores, sino que es el segundo de los ganadores. El que dejó atrás a muchos equipos importantes y que llegó a jugar esa final a la que sólo llegan dos y los demás quedan en el camino. No se pudo consagrar campeón, pero se llenó de gloria, y eso no es algo despreciable. Cuando los argentinos se den cuenta del valor que tiene llegar siempre a las rondas finales y no se queden sólo con la medalla dorada como única alternativa serán menos frustrados y más felices, pero para eso hay que empezar a cambiar el «folclore del fútbol».

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