La versión coreográfica, sobre el original de Marius Petipa, corresponde a Mario Silva. La producción del grupo ARS contará con la participación del Ballet Estable del Teatro Argentino de La Plata (dirigido por Silva), y la Orquesta Académica de Buenos Aires dirigida por Carlos Calleja estará a cargo de la partitura de Ludwig Minkus.
Dialogamos con Simkin y Kochetkova:
Periodista: ¿De qué manera transcurrió su camino hasta el presente?
Daniil Simkin: Mis padres eran bailarines de ballet, de manera que empecé a presentarme en público a los cinco años. No lo llamaría ballet: estaba simplemente actuando, era lindo ver a padre e hijo en escena. A los siete aproximadamente empecé a hacer gimnasia, hacía un entrenamiento intenso y frecuente, y a los nueve mi madre dijo: "Bueno, vamos a tomarnos en serio esto o lo dejamos", y me hizo optar entre seguir siendo gimnasta o tomar clases diariamente y seguir en el escenario. Yo elegí el escenario porque me encanta actuar, y a esa edad empecé con la rutina habitual en un bailarín, tomando clases con mi madre. Yo nací en Rusia, y a los dos años nos fuimos primero a Austria y luego a Alemania. Básicamente crecí en Wiesbaden. Allí fue donde empezamos. A los doce empecé a ir a concursos, más para tener logros que para competir con otros. Nosotros no teníamos a ninguna gran institución a nuestras espaldas, lo hacíamos para nosotros. Hice todos los concursos y al mismo tiempo fui al colegio normalmente, una escuela muy exigente, porque mis padres querían que yo tuviera una formación sólida como todos los demás a mi alrededor. De estos certámenes me quedaron amigos en todo el mundo, como María; es una maravillosa forma de establecer conexiones. Mis padres querían darme la oportunidad de elegir la danza, algo que ellos no habían tenido, y a los 16 opté por dedicarme a esto, a los 18 entré a Viena y luego al ABT.
P.: ¿Se siente un neoyorquino ya?
D.S.: Me siento muchas cosas, soy un extranjero en todos lados. Afortunadamente en Nueva York todo el mundo lo es. Me siento muy cómodo allí.
P.: ¿Qué los entusiasma de trabajar juntos?
Maria Kochetkova: Tenemos una muy buena conexión dentro y fuera del escenario, nos encanta hacer cosas juntos. No bailamos juntos muy seguido pero nos conocemos bien.
D.S.: Fuimos de los primeros bailarines en tener cuenta en Twitter, primero ella y yo después. Muchas veces es difícil coordinar nuestras agendas, pero me gusta bailar con ella porque sabe exactamente lo que quiere, en un buen sentido. Me gusta que la gente sea realmente activa.
P.: Hay quienes dicen que las generaciones jóvenes manejan muy bien la tecnología y también la técnica de la danza, pero tal vez no están tan preocupadas por aspectos que ellos se esmeraban por profundizar, como por ejemplo la interpretación. ¿Qué opinan?
D. S.: No se puede generalizar demasiado. La tecnología bien usada puede ayudar mucho: si se usa la cámara que uno tiene en el bolsillo de la manera correcta, el beneficio puede ser enorme.
M.K.: Cuando yo era chica había algunas cintas de video, y eso era todo. Ahora todo se puede ver en YouTube, y eso es increíble para un bailarín.
D.S.: Y el flujo de la información es libre: si algo sucede se ve inmediatamente. Antes había que tener un video de un concurso que alguien le diera a alguien, ahora todo eso es muy inmediato. Todas las generaciones tienen el cliché de decir "Ah, antes, en mis tiempos, ¡ah, aquellos tiempos!..." Y yo creo que no voy a decir eso cuando sea viejo, porque me parece una falta de respeto a las generaciones jóvenes decir que somos peores por esto y aquello. No se puede decir "Estas generaciones están tan distraídas por los teléfonos...". Si no les gusta, que no lo hagan.
P.: La técnica también es una herramienta.
M.K.: Da libertad.
D.S.: La técnica da espacio para enfocarse en otras cosas, y no debe ser un fin en sí misma. Si se está preocupado por hacer o no tal cosa, no se tiene energía o capacidad de pensar "Ah, ahora voy a mirar a mi partenaire", o contar la historia.
| Entrevista de Margarita Pollini |


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