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El cobro de “peajes” en depósitos aduaneros, detrás del escándalo
• CONTINÚAN LAS REPERCUSIONES TRAS HALLAZGO DE LA EFEDRINA Y LA DENUNCIA DE AEROPUERTOS ARGENTINA 2000
Tal como anticipó Ámbito Financiero el viernes, la interna entre Patricia Bullrich y Juan José Gómez Centurión es sólo la punta de un iceberg que involucra a empresarios, exfuncionarios y agentes de inteligencia.
Tambores. Los 250 kilos de pseudoefedrina importada desde Suiza por un laboratorio propiedad de un argentino son la puerta a un escándalo de proporciones, mucho más grave que la interna desatada en Cambiemos.
Tal como anticipó Ámbito Financiero en su edición del viernes, el conflicto entre la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, y el suspendido responsable de la Aduana Juan Manuel Gómez Centurión provocó un cimbronazo en las más altas esferas del poder y originó malestar entre las estructuras de la Agencia Federal de Inteligencia que controlan los servicios aduaneros supuestamente para prevenir el ingreso al país de materiales o sustancias prohibidas. "En realidad, el control de esos dispositivos se transformó en un negocio millonario, usted imagínese el costo que tiene el peaje que pagan los traficantes para que no les volteen cargamentos que sin protección no podrían ingresar a la Argentina", confía un exresponsable del sector cargas de Ezeiza.
El costo del "peaje" -tal como lo llama la fuente- no es solamente por dejar pasar mercaderías. "A veces, los depósitos fiscales sirven de ámbito protegido para cargar algún container o encomienda que sale hacia el exterior con alguna sustancia ilegal, lo hemos visto en varios operativos en los cuales se descubren supuestamente muchos kilos de cocaína en un depósito fiscal y en realidad se trata de una operación entregada para negociar alguna otra cosa", detalla el exempleado aduanero, que colaboró con varias investigaciones ligadas al narcotráfico.
Lo curioso de la historia de estos barriles de efedrina secuestrados el jueves pasado en el aeropuerto de Ezeiza es que la fecha en que el cargamento llegó a la Argentina en el vuelo AF-418 de la compañía Air France es el 11 de junio de 2011. En ese momento ya habían pasado dos años y diez meses desde que el Gobierno nacional dispuso el estricto control de la importación de efedrina mediante una resolución interministerial por la que se exigió a las droguerías que sólo importaran la sustancia en cuestión por cuenta y orden de los laboratorios que la requieren para la fabricación de medicamentos. Recordemos que la importación había crecido de 2,9 toneladas en 2004 a 19,15 en 2007, algo que no pareció llamarles la atención a las autoridades del Gobierno kirchnerista. Los aduaneros detectaron que la orden que traía el cargamento (facturada por la sucursal suiza del laboratorio CHEMO, propiedad del empresario Hugo Sigman) no cumplía con las disposiciones instrumentadas en septiembre de 2008 y lo comunicaron a la Sedronar, que dirigía en ese entonces José Granero, uno de los tres funcionarios procesados por la jueza María Servini por el tráfico ilegal de efedrina. Quien pagaba por ese embarque era una empresa paraguaya llamada COMFAR, que iba a abonar apenas u$s16.250. "El problema de la importación de efedrina fue que la gran mayoría se desviaba hacia el mercado ilegal destinado a la elaboración de drogas sintéticas", aseguró la fiscal Mónica Cuñarro, especialista en la investigación de delitos complejos. Durante los años previos a ese control, se calcula que fueron desviados a través de este circuito ilegal unos cuarenta mil kilos, la gran mayoría de los cuales fueron enviados a México, donde desde 2004 la efedrina está terminantemente prohibida.


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