Casi podría haber sido la mejor rueda de la semana, de no ser por la "agachada" que dieron los precios en la última hora. Así lo que había alcanzado a ser una suba del 1,6% quedo acotada al 0,37% al estacionarse el Promedio Industrial en 8.770,92 puntos. De todas formas esto no atemperó demasiado el entusiasmo. Es que el S&P500 quedó en el máximo desde el 5 de noviembre pasado reflejando en parte la colocación de treasuries a 30 años que "salió" un poco mejor que lo esperado (el Tesoro debió pagar una tasa del 4,72% anual por dinero a 30 años, y la tasa a 10 años retrocedió al 3,86%) y en parte la suba del petróleo que alcanzó u$s 73,23 por barril (tres novedades en este frente: China incrementó sus compras de crudo, la AIE aumentó su proyección de la demanda y Nouriel Roubini estimó para 2010 un precio de u$s 100 por barril) que a su vez se vinculó con un nuevo derrape del dólar (cedió un 1,1% ante las principales monedas, impulsando el 2% al promedio de commodities). Mirando sólo estos datos se podría pensar que el mercado está apostando a que la recuperación económica se encuentra a la vuelta de la esquina. El problema es que hay otros que apuntan en un sentido contrario. Por ejemplo, lo mejor de la rueda le tocó a las empresas de servicios públicos mientras lo peor estuvo entre las empresas de consumo masivo, reflejando algo que los datos de la "macro" no parecen reconocer (las ventas minoristas de mayo crecieron un 0,5% luego de caer el 0,2% en abril y el número semanal de pedidos de seguro por desempleo fue el menor desde enero). Pero más preocupante fue que la tasa de los créditos hipotecarios a 30 años trepó al 5,59% anual reflejando que en este frente la acción estatal no está rindiendo frutos. En su momento, el mundo financiero y el real habrán de coincidir, mientras tanto sigamos festejando.
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