Sin terminar de digerir la ida de Merlo, Central concretó anoche el regreso de Miguel Ángel Russo como nuevo entrenador. Su paso anterior por el club y la aceptación del hincha fueron claves para la elección.
¿Quién cree en la casualidad? ¿Quién puede pensar que los acontecimientos ocurren sólo porque sí, sin que pesen el destino o alguna fuerza del más allá? En las primeras horas del jueves, vía México, llegaba la noticia de que Miguel Angel Russo dejaba de ser el entrenador de San Lorenzo. El regreso al país, con la recepción áspera que el público de Boedo le dio al plantel, decidió al ya ex entrenador por esas horas a refugiarse en su intimidad. Amigos, familia y viaje a Rosario, donde vive uno de sus dos hijos. Nada de paz.
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El lunes, la patria futbolera se vio alterada por la renuncia indeclinable de Reinaldo Carlos Merlo a su cargo en Rosario Central. Así de imprevisto, así de decidido. La campaña de «Mostaza» no parecía ser el motivo (jugó cinco, ganó tres, igualó uno). La mala relación con algún referente y el poco apoyo que sintió de una parte importante de la dirigencia fueron los desencadenantes.
Ecuación perfecta: Central sin DT, Russo sin club. Miguel estaba en la ciudad y el martes a primera hora, después de dejar a su hijo en la escuela en el Boulevard Oroño regresó hacia Buenos Aires. La presión del hincha Canalla, con uno de sus técnicos fetiches de los últimos años, con dos experiencias conduciendo a la Academia rosarina, lo posicionaron como el único candidato para hacerse cargo del primer equipo. Como dijeron los directivos del club: «Russo es la opción A, B y C». Por estas horas, quedan formalidades, pero no tan sencillas de definir, como la rescisión del contrato todavía vigente con San Lorenzo. Vuelve Russo a Central, el tiempo pone cada cosa en su lugar.
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