El espíritu de los años 90 de regreso

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La artista Victoria Colmegna, radicada en Frankfurt y de paso por Buenos Aires, decidió rescatar el énfasis y la alegría que animó la década del 90. Tomó uno de los locales vacíos del edificio Kavanagh por asalto y presentó el pasado jueves, el mismo día de la inauguración de Pérsico en el Malba, un artista de culto: Sergio de Loof. Con el desparpajo y la creatividad que lo caracteriza, De Loof produjo y montó su extensa exposición en un día. La idea era simple.

El artista arrancó las páginas ilustradas de la enciclopedia "Grandes maestros de la pintura", las cruzó con los rasgos poderosos de su firma y las pegó en las paredes, las ventanas, la barra de las bebidas y cuanto espacio encontró libre. De este modo intervino obras cumbre del arte renacentista, "Los Girasoles", los "Lirios" y el "Retrato del Doctor Gachet" de Van Gogh; la "Venus del espejo" de Velázquez, las mujeres de Modigliani, Toulose Lautrec y Gauguin; las pinturas del Aduanero Rousseau, las del genio de Rembrandt y la Venus de Boticcelli; las bailarinas de Degas, el dramático "Torero muerto" de Manet y "Yo Picasso", entre tantas.

¿No defendía el teórico Bonito Oliva el "robo con destreza"? El gesto tan poético como desprejuiciado y de algún modo juguetón, cobra sentido para quienes saben que De Loof es un excelente pintor y han admirado sus desfiles de moda, sus diseños y su capacidad teatral. En efecto, la posibilidad de comprar por 500 pesos cada obra, enmarcarla y colocarla en medio de un conjunto contemporáneo, tentó a muchos que regresaron con uno o varios De Loof a sus casas. Además, la selección de los "Grandes maestros..." encierra una burla encubierta. Los artistas de generación de De Loof repiten un cliché: aseguran que el amor por el arte despertó en la infancia al hojear estos libros.

El protagonista de una novela de Milan Kundera cuenta que visitó el MOMA de Nueva York y al advertir que los trazos del pincel de Matisse, Braque, Miró y Ernst "expresaban un goce salvaje", se sintió feliz. Luego "se encontró en medio de un desierto", pero antes de ese período, De Loof recorta su bella producción. En la breve planta baja del local están las deliciosas series "Limoges fotográficos" de Fabi Al Mundys, artista que también se apropia de las imágenes de diversos autores. Las fotos están intervenidas sutilmente con oro, plata y pintura, como verdaderas joyas. Colmegna destaca las imágenes de las geishas y señala que el formato y la colgada se acercan a la estética de los años 90. "Hay una delicadeza en el tamaño de 10 X 15 centímetros que se usaba entonces en los minilabs", aclara la artista.

A.M.Q.

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