El laberinto de Cristina recicla a “traidores” y evita choque con Vidal

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La candidata de Unidad Ciudadana cerró ayer la campaña en Avellaneda. Se refugió en Aníbal, Scioli, Insaurralde y los intendentes que antes despreciaba.

El "club de los vetados" del kirchnerismo se ubicó ayer a espaldas de Cristina en el cierre de campaña de Unidad Ciudadana en el estadio de Racing Club de Avellaneda. Desde Aníbal Fernández, Daniel Scioli, pasando por Martín Insaurralde y el resto de la liga de intendentes "renovadores" del peronismo bonaerense acudieron ayer a presenciar el último intento de la expresidenta por evitar su primera derrota electoral desde que Néstor Kirchner llegó al poder en 2003 y retener así el próximo domingo el exiguo triunfo logrado en la PASO sobre Cambiemos.

No sólo la expresidenta olfatea la derrota ("cada uno de ustedes debe convencer a dos más que no votaron"). También los intendentes. Cristina depende ahora más que nunca de los jefes comunales del PJ bonaerense, a pesar de que los intendentes ya no dependen de Cristina. Para blindar sus territorios en la legislativa les alcanza con el pragmatismo del "delivery" de boleta cortada. Es decir, el tramo de cargos municipales para los Concejos Deliberantes combinada en la boleta del resto de los candidatos: Cristina, Esteban Bullrich, Sergio Massa y hasta Florencio Randazzo.

Los intendentes peronistas ya abrieron un proceso de diálogo reservado que incluye a Massa para reconstruir el PJ bonaerense después del 22. El proceso lo encabeza Gustavo Menéndez de Merlo, quien aspira a fusionar el poskirchnerismo con la nueva generación de intendentes que representan figuras como Leonardo Nardini (Malvinas Argentinas) o Fernando Gray (Esteban Echeverría).

Se trata de los mismos intendentes que sometió políticamente durante su gestión como presidenta y, más aún, en el armado de listas. Sólo hubo lugar para Fernando Espinoza, exjefe comunal de La Matanza. El resto quedó privado de proyección nacional y sólo pudieron armar las seccionales de sus distritos. El manoseo lo sufrieron incluso jefes comunales leales como Juan Patricio Mussi, de Bereazategui. El peronismo es ahora territorio. Y en el territorio mandan los intendentes que ya no dependen de la billetera embargada de Cristina sino de María Eugenia Vidal. Cristina tomó nota de este detalle en el cierre de ayer en Racing. Vapuleó cada vez que pudo a Mauricio Macri pero evitó cualquier mención a la gobernadora a pesar de ser candidata a senadora nacional por la provincia de Buenos Aires.

Vidal no sólo es la dirigente con mejor imagen del país. También es la encargada de asistir financieramente a los intendentes cristinistas. Por eso la expresidente se cuidó de no pegale a Vidal para, de ese modo, no irritar a sus propios intendentes, quienes deberán seguir gestionando sus distritos más allá de la suerte electoral de Cristina.

La campaña de Cristina fue pendulante. En la primera etapa, de cara a la PASO, invisibilizó a los intendentes del PJ y también a La Cámpora. Los protagonistas excluyentes de cada unos de sus actos fueron "las víctimas del ajuste", comerciantes y profesionales que subían a su escenario para relatar las complicaciones económicas que surgieron casi por generación espontánea apenas asumió Macri en diciembre de 2015. Después de la PASO y ante la urgencia que le provocaron los magros 20 mil votos de ventaja sobre Cambiemos, entró en su propio laberinto y volvió a recostarse sobre su propio "club de vetados": Scioli, Insaurralde y Martín Sabbatella. A Luis D'Elía, incondicional kirchnerista, directamente le pidieron que no se acerque a Racing.

Mientras la campaña de Unidad Ciudadana post PASO hizo foco en Jorge Taiana para captar el voto panperonista útil más allá del kirchnerismo ("Evita votaría a Cristina y Perón a Taiana"), en Cambiemos los nombres casi no importan. Vidal se encarga de custodiar a Esteban Bullrich en la gira mediática de campaña mientras que la disputa por la tercera banca para el Senado invisibiliza a Gladys González, la verdadera adversaria de Taiana por ocupar esa silla en la Cámara Alta.

Cristina aprovechó ayer su última bala política de campaña para polarizar con Macri sin nombrar a Bullrich, ni a Gladys González. Mucho menos a Vidal. La candidata de Unidad Ciudadana aseguró sobre el escenario que el Gobierno "prometió el oro y el moro" pero, después de 20 meses de gestión, "la única lealtad de (Mauricio) Macri es con los grupos concentrados de la economía". "Es a las mineras, a los fondos buitre, a su familia, amigos, socios, a Edenor, a Edesur; esa es la lealtad que hoy puede exhibir el Gobierno. Por eso ser peronista hoy es decir ´basta ya' Macri con tanta malaria para el pueblo", arengó la líder de Unidad Ciudadana en su acto de cierre de campaña.

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