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El oficialismo, agradecido, blindó a dos jueces polémicos
Norberto Oyarbide
Hace dos años el oficialisismo hostigaba a Rafecas en la Magistratura. De hecho, el juez eludió el jury de enjuiciamiento porque los representantes de los jueces y la oposición respaldaban al magistrado. Era habitual que el senador Ernesto Sanz les recordara a los representantes de su partido en el consejo que Rafecas tenía a su cargo causas contra el general Cesar Milani y que por eso requería protección. Rafecas había pasado de ser considerado para un cargo en el gabinete -siempre bajo el padrinazgo de Esteban Righi- a ser destinatario de las principales críticas.
Ayer el principal resguardo provino del kirchnerismo. De hecho, el diputado Héctor Recalde tenía en vista desestimar todas las denuncias contra Rafecas. Debió ser el propio juez el que requiriera al oficialismo guardar las formas. Rafecas fue señalado por su intercambio de mensajes de texto con un abogado que intervenía en el caso Ciccone, en representación del empresario José María Núñez Carmona. En esos contactos el juez opinaba sobre la instrucción y desestimaba la función del fiscal Carlos Rívolo. Rafecas había llegado a Comodoro Py afirmando que era necesario renovar el fuero federal.
El juez desestimó la denuncia de Nisman la semana previa a la apertura de la Asamblea Legislativa. Un trámite ágil y que contaba con el antecedente de que ningún jurista de cierto prestigio había respaldado la presentación del fiscal del caso AMIA. Luego su decisión sería confirmada por la Sala I de la Cámara Federal.
Ayer el Consejo ofreció el clima de habitual distensión que caracteriza los plenarios recientes. El comienzo se demoró 45 minutos (la abogada Adriana Donato y el juez Leonidas Moldes fueron los únicos en llegar en horario). El clima de distracción general es tal que por momentos la titular del organismo, Gabriela Vázquez, precisa de una campana para aquietar los murmullos. Ayer mientras se realizaban las entrevistas con los candidatos a cubrir vacantes en la Justicia salteña era notable la displicencia con la cual algunos consejeros hablaban por teléfono mientras que otros se entretenían con sus asesores. Un paneo visual que es benévolo porque no registra inconsistencias técnicas alarmantes como el hecho de que algunos consejeros siguen sin tener bien en claro cuál es el procedimiento para enviar una terna al Ejecutivo.
Por otra parte las demoras son habituales porque, es sabido, antes de que arranquen los plenarios se desarrollan encuentros para buscar acuerdos. Sin embargo los asuntos más candentes, por ahora, son inalcanzables. Los acuerdos sólo parecen disponibles para las cuestiones que no alteran al estamento político.
Oyarbide ayer también logró el archivo de la causa iniciada por su aparición con un anillo ostentoso. Más allá de la habitual cobertura que el juez tiene por parte del kirchnerismo, el dato del plenario fue la falta de respaldo de Oyarbide en su propio estamento: los jueces Luis Cabral y Moldes votaron por enviarlo al jury, lo cual abre un panorama más complejo de cara a las acusaciones que el magistrado acumula.


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