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El Papa dijo que el matrimonio gay es un “insidioso desafío”
El papa Benedicto XVI se reunió ayer con miembros de la Iglesia y trabajadores sociales católicos en Fátima, Portugal. Su magnetismo entre los fieles demuestra que no lo han dañado las reciente revelaciones sobre abusos sexuales por parte de sacerdotes.
El Pontífice hizo estas duras críticas en los encuentros que mantuvo con asociaciones católicas caritativas portuguesas y con los obispos lusos, tras la misa que celebró en la explanada del santuario de Fátima, a la que asistieron más de medio millón de personas, que lo aclamaron.
El papa Joseph Ratzinger afirmó que los tiempos actuales «exigen» un nuevo vigor misionero de los cristianos, sobre todo en aquellas partes del mundo donde «políticos, intelectuales y profesionales de la comunicación que promueven y profesan una cultura única y desdeñan la dimensión religiosa de la vida» intentan «silenciar» la fe.
Benedicto XVI lamentó que en esos ambientes no faltan creyentes «que se avergüenzan de serlo y que dan una mano al secularismo, que construye barreras al cristianismo».
Exhortó a los que en esos ambientes defienden «con valentía y vigor» el pensamiento católico y dijo que para evangelizar es necesario conocer los factores sociales y culturales, valorar las carencias espirituales y promover eficazmente los recursos pastorales.
«Y es que, visto que la fe católica ya no es patrimonio común de la sociedad y muchas veces se ve como una mala simiente, difícilmente se podrá entrar en los corazones con simples discursos o llamamientos morales y menos aún con genéricos llamamientos a los valores cristianos», aseguró.
Ante las asociaciones caritativas católicas portuguesas, el Papa volvió a condenar el aborto y los matrimonios entre personas del mismo sexo, al afirmar que son uno de los más «insidiosos peligrosos desafíos» que tiene la sociedad.
Defendió la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural, así como la familia tradicional basada en el matrimonio indisoluble entre hombre y mujer.
«Las iniciativas que tienen el objetivo de tutelar los valores esenciales y primarios de la vida, desde su concepción, y de la familia, basada en el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer, ayudan a responder a algunos de los más insidiosos y peligrosos desafíos que hoy se oponen al bien común», dijo el Papa.
El Obispo de Roma agregó que esas iniciativas constituyen «elementos esenciales para la construcción de la civilización del amor».
Benedicto XVI calificó el aborto de «drama» y expresó su «más profundo aprecio» a todas aquellas iniciativas pastorales y sociales que intentan luchar contra los mecanismos socio-económicos y culturales que llevan a él y que defienden la vida y la reconciliación y curación de las personas heridas por esa situación.
El Pontífice defendió que el amor incondicional de Jesús hacia los seres humanos obliga a éstos a entregarse gratuita y generosamente a los otros mediante la justicia y la caridad.
Tras resaltar la labor que estas instituciones realizan con los pobres, enfermos, detenidos, vagabundos, personas abandonadas, discapacitados, emigrantes o desempleados, entre otros, el Papa manifestó que la Iglesia no está capacitada para dar soluciones prácticas a cada problema, pero sí está dispuesta a ayudar y ofrecer medios de salvación a todos.
Benedicto XVI criticó la «presión de la cultura dominante» a la hora de realizar esa labor caritativa.
«La cultura dominante presenta con insistencia un estilo de vida basado en la ley del más fuerte y beneficios fáciles y atractivos, que acaban por influir sobre nuestro modo de pensar, nuestros proyectos y las perspectivas de nuestro servicio, con el riesgo de vaciarlo de esa motivación de la fe y la experiencia cristiana», denunció.
Estos encuentros fueron los últimos actos de su estancia de dos días en Fátima. Hoy se desplazará a Oporto, en el norte de Portugal, donde oficiará una misa multitudinaria, tras la cual regresará a Roma.
El Vaticano y la Iglesia lusa calificaron de «éxito» la visita del Papa y, según el portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, la masiva presencia de personas «demuestra que los escándalos de curas pederastas no han dañado la popularidad de Benedicto XVI ni su imagen».
Para la Iglesia lusa, los fieles han sabido separar el daño de unos pocos sacerdotes y la Iglesia.
Agencias EFE, ANSA, Reuters y DPA


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