13 de febrero 2017 - 00:00

El Trump rally, recargado (por vía oral)

Sin victorias relevantes en tres semanas, el presidente de EE.UU. dice “impuestos” y Wall St. sube.

LADRA PERO NO MUERDE. Como el perro, es lo que algunos dicen de Trump.
LADRA PERO NO MUERDE. Como el perro, es lo que algunos dicen de Trump.
Lean sus labios. El presidente Donald Trump dice impuestos, y Wall Street alza vuelo y reanuda la fiesta. La única, a decir verdad, que puede mostrar la flamante administración. Trump prometió un plan impositivo "fenomenal" aunque no ofreció mayores detalles. Tampoco hizo falta. El Dow Jones Industrial se disparó en el acto, y cerró la semana en los máximos absolutos. El S&P500, el Nasdaq, el Nyse Composite, el S&P Mid Cap 400 y el Russell 2000, todos ellos enarbolan nuevos récords. Es un frente compacto. La Bolsa acalló hace tiempo sus objeciones. No tiene dudas sobre Trump. El cielo no puede esperar.

El verdadero Donald Trump que levante la mano. El rey de la pelea, tres semanas en el centro del ring, provoca revuelo a raudales, pero no acredita ninguna victoria relevante. La Justicia le frenó el decreto que suspendía el ingreso de nacionales de siete países de mayoría musulmana, los refugiados siguen entrando (el 70% proviene de allí), y Trump se fue al mazo. No apelará la decisión. Habrá nuevas medidas migratorias que mantengan a los EE.UU. seguros, dijo. Con México, su sparring de manos atadas, no le va mejor. La reunión con el presidente Peña Nieto se canceló y se acabó el guanteo. La idea de la gran muralla continúa en agenda, aunque saldrá una fortuna -unos 21.600 millones de dólares- y demandará de dos a tres años de obra. "Yo bajaré esos costos", salió al cruce Trump. Y uno se pregunta: ¿por qué los costos importan? ¿Acaso no los van a pagar los mexicanos? Trump también se pelea con las tiendas Nordstrom. La firma dejó de vender la línea de artículos de su hija Ivanka, y el magnate estalló en Twitter. "Terrible", bramó. Para Nordstrom fue una jornada memorable. Amén de la publicidad oficial, el papel escaló 4% en la Bolsa.

El candidato Trump tenía las manos pesadas. Contra todo pronóstico, no dejó adversario en pie. El presidente Trump conserva los mismos bríos, pero no el golpe de nocaut. Como candidato podía improvisar y pegar desde cualquier ángulo sin que importara mucho la técnica, el reglamento ni las consecuencias posteriores. Siendo presidente es exactamente al revés. Como candidato podía patear el tablero y lo hizo con éxito. Como presidente lo intenta, produce más alboroto, sí, pero no consigue siquiera rozar el blanco. Y si se empeña en embestir a ciegas -porque tesón y audacia le sobran-, sólo se hará más daño a sí mismo. ¿Aprenderá el aprendiz? ¿O se cavará la fosa con entusiasmo? En octubre, el candidato Trump señaló que declararía a China como manipulador de su moneda el primer día de gobierno. En diciembre, el presidente electo Trump fue más allá. Llamó por teléfono a Taiwán y puso en la picota la política de Una Única China. La semana pasada, el presidente en ejercicio Trump cortó una espera densa en intrigas, discó el número de Beijing, conversó con Xi Jinping sin exabruptos, y le ratificó que China hay una sola. Al premier japonés Abe le confirmó que la continuidad de la alianza bilateral está garantizada (y que hubo un buen rapport personal con Xi). Y en Europa se respira con alivio: el recado es que los EE.UU. aceptarán el tratado nuclear que el expresidente Obama firmó con Irán. En definitiva, perro que ladra no muerde.

Desde noviembre que la Bolsa apuesta por el colesterol bueno. Y no le ha ido nada mal. A ninguno de los dos. Wall Street en récords es la única cucarda de la que Trump puede alardear sin incurrir en falsedades. ¿Qué tan fenomenal será la reforma impositiva? Impulsará recortes en el impuesto a las ganancias. Es lo único que se sabe. Alcanza y sobra. Ya se dijo: con Trump, menos es más. Entrar en detalles sería pisar el terreno de una próxima disputa. Los republicanos de cada cámara tienen su propio proyecto, y menos querrán que el presidente les imponga de prepo, a su estilo, un tercero. Es sabio obviar los detalles en la luna de miel; es un error hablar de plazos. "En dos o tres semanas", musitó el presidente. El Trump rally se encendió a todo motor. Pero habrá que tener cuidado con los idus de marzo.

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