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En show despojado, se luce Pedro Aznar
Acompañándose sólo con sus guitarras, bajos y un teclado, Aznar lleva hasta las últimas consecuencias un criterio estético que busca mostrar las canciones casi en su esencia, en un show impecable de principio a fin.
Hace meses que Pedro Aznar viene girando, por el interior y por el Gran Buenos Aires, con su espectáculo "Mil noches y un instante". En lo formal, se trata de un repaso de distintos momentos de su vida, como compositor y como intérprete, aunque con el acento puesto en los últimos años y en los muy iniciales, cuando se le dio por hacer música de Los Beatles.
Así, el repertorio está sostenido en temas de su más reciente álbum "Ahora", compuesto en un mes de concentración creativa en Mar de las Pampas, otros de Luis Alberto Spinetta, también publicados el año pasado como resultado de un show en vivo al aire libre en Palermo, una vuelta por el folklore (otra de sus constantes "curiosidades"), unas cuantas canciones de los Fab Four, algún estreno y hasta la pieza de Andrés Calamaro "Media Verónica", y "Lisa" de Gustavo Cerati.
Ni Serú Girán, ni su experiencia Pat Metheny, ni sus momentos solistas más ligados al pop formaron parte de este asunto. Tampoco estuvieron el pianista Andrés Beeuwsaert ni el percusionista Facundo Guevara con los que estuvo trabajando en los últimos años, ni el baterista Pomo con quien hizo el disco homenaje a Spinetta, ni los otros músicos orquesta de cuerdas incluida- con los que grabó "Ahora" en los estudios Circo Beat de Buenos Aires y Abbey Road de Londres.
En este caso, Aznar se bastó solo. Con las guitarras (son varias, acústicas, eléctricas, con distintos tipos de cuerdas, con los bajos, también distintos según los casos, con el teclado, y con una maquinita que le permite grabarse en vivo y duplicar voces e instrumentos en tiempo real. Y lo que en otro artista sería una limitación difícil de sortear, él lo convierte en virtud, porque no es síntoma de pobreza sino de búsqueda, no es carencia de recursos sino un criterio estético que intenta mostrar las canciones casi en estado puro, en su esencia, en su expresión más básica.
La novedad en este caso, en relación a lo que fueron los demás shows de la gira, es que se filmó íntegramente con varias cámaras y hasta con rieles y grúas sobre el escenario, para editar un DVD. Sin músicos estables, sí hubo dos invitados especiales: Teresa Parodi para compartir "Laura, la del estero" y "El otro país", con la particularidad de que la correntina interrumpió por un rato un recital propio para visitarlo, y Abel Pintos, que hizo con Aznar la "Zamba para olvidar" y el bellísimo tema de Chico César "A primera vista".
En más de dos horas de concierto, frente a un Gran Rex que no llegó a colmarse, el músico hizo una maravillosa versión de la "Cantata de puentes amarillos" de Spinetta, estrenó "Perdón" en extraña versión para dos bajos y voz, sobregrabada en vivo, mostró la cocina coral y multiinstrumental de "Because" ayudándose con la tecnología, y fue impecable como cantante de principio a fin. Sin fisuras.


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