21 de diciembre 2012 - 00:00

Entre Cámpora y Rosas, peña PJ pide un “candidato bonaerense”

Carlos Kunkel, Julián Domínguez, Pablo Bruera
Carlos Kunkel, Julián Domínguez, Pablo Bruera
Anfitrión itinerante, Carlos Kunkel le entregó la bandera federal a Pablo Bruera, gesto que más allá del homenaje a Juan Manuel de Rosas, especie de santo profano de cierto peronismo, tuvo un valor actual: oficializó la amnistía ultra K al cacique platense.

La «ceremonia» fue en La República de los Niños, predio platense construido por Juan Domingo Perón, frente a una ristra de dirigentes que integran una entidad que se autodefine como «peronismo kirchnerista» y que jura acatar sin matices el mando de Cristina de Kirchner.

Al detalle rosista -una bandera argentina, con un sol, ribetes rojos y azules, y la frase «Viva la Santa Federación, mueran los salvajes unitarios»- se agregó otro recuerdo: el exdiputado Manuel Elías pidió recordar a Héctor J. Cámpora, a 32 años de su muerte, el 19 de diciembre del 80.

Pero la efeméride fue el marco para definiciones sobre el aquí y ahora. A Kunkel, orador de inicio, le tocó el rap del elogio de la década K, su continuidad histórica y por qué, según su enfoque, el peronismo está encolumnado detrás de la figura de Cristina de Kirchner.

Lo hizo en un contexto que el PJ festeja sigilosamente y traduce como la reperonización de Cristina a partir de episodios puntuales: el festejo con alcaldes del 17 de octubre en Casa Rosada, el OK para despabilar el partido provincial y el llamado la intendente a la movilización pro K del 9D.

La muchedumbre y las presencias eran, per se, otro mensaje. Sobresalió el malón de diputados nacionales encabezados por Julián Domínguez e integrado por Graciela Giannettasio, Jorge Landau, María Teresa García, Diana Conti, el dorreguista Mario Oporto y Andrea García.

Una veintena, además, de intendentes bonaerenses -de Francisco Echarren, el alcalde más joven de la provincia, a Juan Carlos Veramendi- y legisladores provinciales como Alfredo «Loby» Antonuccio, Patricio García, los camporistas Walter Abarca y Alberto España, entre otros. Además, Gabriel Bruera y el dominguista -de Domínguez- Darío Golia, encargados de invitar.

Estuvo también Cristina Fioramonti, jefa de los senadores del FpV provincial, furiosa con su par Azucena Ehcosor de Acuña, esposa del intendente de Hurlingham Luis Acuña, y miembro fundador de La Juan Domingo, a la que le marcó la puerta de salida del bloque K.

Su marido, Kunkel, que se declara sesentista y peronista, y portador de ADN K, es la nave insignia de los cumbristas que nombran sus encuentros como «La Peña», paraguas bajo el cual fueron circulando por varios municipios de La Matanza a Florencio Varela.

Sin embargo, en una gentileza que no es ingenua, Kunkel deja el cierre de las juntadas a Domínguez, que se mueve con la expectativa de entrar en la grilla de candidatos a gobernador en 2015.

Desde esa tarima, el presidente de la Cámara de Diputados castigó innominadamente a Daniel Scioli. «Hubo una plaza peronista y democrática, el 9 de diciembre, y otra que trató de crear otro liderazgo, por eso salió mal», dijo el diputado. No necesitó decir que era un sablazo al gobernador.

La metralla no terminó ahí. Avanzó a un capítulo que hace tiempo cruza, más allá de pertenencias y recelos, a casi todo el PJ de la provincia y se refiere al karma de haber tenido dos gobernadores «extraterritoriales» como Scioli y Carlos Ruckauf, en la última década.

«Buenos Aires debe volver a ser gobernada por alguien que ame a esta provincia», dijo, poético, Domínguez y esperó el aplauso. Un aplauso que puede, en meses, ser un tiro en el pie si, como se especula, Cristina impone a su cuñada, la santacruceña Alicia Kirchner, como candidata a diputada por Buenos Aires.

Supone, además, un reproche retroactivo porque fue Néstor Kirchner quien rescató a Scioli de su militancia porteña para trasplantarlo como dirigente bonaerense. Y Cristina, apenas unos meses atrás, reforzó aquella mudanza a respaldar la reelección sciolista.

Es, de todos modos, un asunto recurrente. Lo hablaron, meses atrás, Domínguez, Aníbal Fernández y Amado Boudou, marplatense de nacimiento, y coincidieron en que debería ser un «dirigente de la provincia» el que se convierta en la figura electoral del kirchnerismo.

Bruera, por su lado, cierra el año con un esperado indulto que empezó a gestarse hace un mes, cuando Kunkel lo visitó en La Plata, la noche que iba a ser la peña pero que se suspendió por la muerte de Leonardo Favio, el director fetiche del peronismo.

La secuencia se completó horas antes del 9D, cuando Bruera (a quien, en 2009 Kirchner acusó de «traidor» y de mandar a «cortar boleta» en su contra) convocó un plenario del PJ platense y amontonó a todas las vertientes K: desde el alakismo hasta La Cámpora local.

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